Seguratas de la alimentación - Gustavo Duch

Tenemos un sistema imponente de ‘seguratas de la alimentación’: varias agencias internacionales, así como miles de funcionarios y técnicos trabajando para garantizar la salubridad alimentaria (o seguridad alimentaria). Es por su presencia y vigilancia las veinticuatro horas al día -incluido festivos- más el tremendo costo que todo ello supone, que cuando en Barcelona ingerimos un muslo de pollo criado, engordado, sacrificado, y despiezado en… Brasil, por poner un ejemplo, tal bocado no nos producirá [en ese momento] ningún grave malestar.

No deja de ser paradójico que algo tan natural y sano como es comer o alimentarse, que sólo debería ser fuente de salud, sea tratado a la defensiva y con desconfianza. La premisa pareciera que es: cualquier alimento es sospechoso de criminal hasta que no se demuestre lo contrario.

Problemas

En Europa observamos como la alimentación mayoritaria que llega a la ciudadanía ha sido producida bajo sistemas de agricultura y ganadería industrial o intensiva. Una forma de producir alimentos en serie, muy rápida y de baja calidad nutritiva que podemos afirmar ha acabado con millones de puestos de trabajo en el medio rural, en tareas agrícolas, de transformación o complementarias. Una agricultura que genera graves problemas.

• Hay muchas producciones excedentarias que los estómagos europeos ya no pueden consumir, y que son exportadas a terceros países, llegando a sus mercados a precios incluso inferiores al precio de coste (o de elaboración) que ese mismo producto tiene para el campesino o campesina local.
• El modelo intensivo europeo al estar especializado en algunos sectores no dispone de según qué alimentos. Pero estos llegan igualmente a nuestras despensas comprados baratos en países del Sur. Y la ganadería a la que Europa no renuncia, requiere alimentación (soja y maíz) que llega de Sudamérica. En ambos caso millones de hectáreas de países con hambre están dedicadas a alimentar países con tasas de sobrepeso y otros desequilibrios nutricionales más que alarmantes.
• Una agricultura hecha a base de petróleo, contra el reloj y con muchos inversionistas esperando tajada, se convierte en una actividad que tiene muy poco respeto en sus interacciones con la naturaleza.

Riesgos

Este modelo, lo hemos visto y lo veremos en próximas ocasiones, es un modelo ‘asustoso’. Las multiples y (cada vez más) frecuentes alarmas alimentarias tienen todas un efecto final muy patológico: taquicardia.

Miedo y corazones acelerados que en demasiadas ocasiones se convierte en muchas camas de hospitales ocupadas porque las vacas están locas, los cerdos resfriados o los piensos contaminados. Y en todas ellas con un patrón causal común: el interés económico de las corporaciones que controlan la cadena alimentaria las lleva, codiciosas, a trabajar al límite de lo legal, al límite del riesgo. Como si viviéramos en un parque de aventuras permanente parece que asumimos encantados esta alimentación del Dragon Kan. No hay vértigo.

Rechazo

Son bastantes los motivos para rechazar la agricultura industrial: injusticias sociales, elevados costes ecológicos, insuficiente calidad nutritiva, enfermedades crónicas derivadas de la mala alimentación y un susto detrás del otro.
Pero tenemos otro motivo mucho más importante y definitivo: existe una alternativa probadamente posible, capaz de alimentar a todo el planeta: la Soberanía Alimentaria.

Pluralizar y crear empleo | Gustavo Duch

En España superamos los cinco millones de parados, una cifra inaceptable que tiene mucho que ver con la crisis actual. Pero también en este problema de desempleo debemos mirar al campo, tanto en el análisis como en las propuestas. Pues resulta que en Europa nos encontramos con un despoblamiento de las zonas rurales muy grave, y la agricultura o sector primario hace mucho que dejó de ser la base de la economía. Según el último censo publicado por el EUROSTAT esta realidad es demasiado evidente: ¡en solamente ocho años, la Unión Europea ha perdido 3 millones de explotaciones! Es decir, aproximadamente, cada minuto ha supuesto la desaparición de una unidad agrícola y los puestos de trabajo que eso significa.

Y todo ello fruto de aplicar políticas productivistas que ya es hora de desterrar. La Política Agraria Común que ahora se está revisando ha sido responsable de ello, subvencionando durante mucho tiempo a las grandes unidades agrícolas, favoreciendo la intensificación y dejando que los precios los marque el libre mercado. Un modelo dirigido a ser ‘potencias industriales’ que pensó que la agricultura también debería acomodarse a tal principio, y se acabó con la economía rural y miles de puestos de trabajo.

Pero proveer de alimentos a la población, y a la vez cuidar bosques y paisajes, es un trabajo de lo más necesario, de hecho: es imprescindible. Y esa es la propuesta, porque hay espacio, posibilidades y mucho futuro: ruralizar la economía y recampesinizar el Planeta, obteniendo en el proceso muchos, pero muchos, puestos de trabajo dignos y rentables.

Aunque ni las condiciones de suelo, clima e historia son comparables vale la pena recordar (como explican Albert Berry y Liisa L. North, Profesores en la Universidad de York en Toronto) «lo que hicieron los taiwaneses, los japoneses y los coreanos después de la Segunda Guerra Mundial cuando expropiaron las unidades agrarias de más de tres hectáreas y ejecutaron reformas agrarias radicales que formaron la base de la seguridad alimentaria de familias, para el crecimiento y la diversificación económica posterior a nivel nacional». Con una cantidad de tierra suficiente como medio de vida para una familia (en Taiwán fue un poco más de una hectárea), con políticas fuertes de apoyo a este minifundio –aquí siempre despreciado- y servicios públicos apropiados, en los tres países la productividad agrícola creció, las condiciones de vida en el campo se mejoraron rápidamente, y lo más importante, el empleo agrario aumentó considerablemente. «Los tres países asiáticos mencionados –continúan explicando- no son los únicos cuyas experiencias han demostrado la relación positiva entre desarrollo rural equitativo (basado en la pequeña y mediana agricultura) y el desarrollo económico nacional.

En términos históricos podemos mencionar Dinamarca, Finlandia o Noruega. (…) Las comparaciones latinoamericanas también nos prestan lecciones. Llama la atención el abismo que existe entre, por un lado, las buenas condiciones de vida y la historia de paz social y política en la Meseta Central de Costa Rica, caracterizada por sus pequeñas y medianas propiedades cafeteras, y por otro lado, la miseria, represión política y  violencia que predominan en las zonas de plantaciones grandes de café en los países vecinos como El Salvador y Guatemala».

Pensar e invertir en recuperar la pequeña agricultura, no es un paso atrás, sino que es la base de una economía sostenible y equitativa, que además nos alimenta. Sólo necesitamos atrevimiento (y poco presupuesto) para poner en marcha medidas de redistribución de la tierra frente a los grandes latifundios o monocultivos; ofrecer facilidades para acceder a tierras productivas; apoyar la desintensificación de tantas unidades agrarias sobredimensionadas; o evitar, cuando llega la jubilación de las y los actuales propietarios, el cese de actividades con la incorporación de jóvenes…
Dichas medidas deberían venir acompañadas con políticas claras de protección de esta agricultura (promocionando los circuitos cortos de comercialización; políticas de precios remunerativos; aranceles en frontera; etc.) y añadir lógicamente apoyos básicos de capacitación, asesoría técnica o irrigación, pero siempre con claridad, sin fisuras, en favor de una agricultura basada en principios agroecológicos. Porque ya no hay dudas –tampoco científicas- de las bondades de esta forma de practicar la producción de alimentos. El Instituto Rodale, después de 30 años de investigación comparativa entre campos de cultivos convencionales y agroecológicos concluye que estos últimos son (además de no perjudiciales para el medio ambiente ni para la salud de la población consumidora) más viables económica y energéticamente.

Si queremos salir de esta crisis y generar puestos de trabajo productivos en los países industrializados; si queremos combatir la situación de pobreza y hambre en muchos países del Sur; y si pretendemos dejar un futuro sostenible a nuestra descendencia, habrá que replantearse la estructura socioeconómica en la que estamos, donde la ruralidad ha quedado trágicamente marginada en el fondo de una pirámide invertida que lógicamente se tambalea.

Reflexiones al atardecer | Guadalupe Fernández de la Cuesta


Caen los últimos rayos de sol en la mole de “Cabeza Herrera”, una montaña barriguda, omnipresente, con su cumbre de púrpura y laderas de oro viejo. Poco a poco el monte comienza a recobrar la perfección de sus sombras y sus misterios mientras trato de hilar mis reflexiones deshilachadas nacidas de la placidez de este momento.

No hace tantos años, escribía yo en folios mis invenciones y relatos con abundantes tachaduras. Luego utilicé una máquina de escribir con visor donde leía las frases antes de fijarlas en tinta sobre el papel. Qué invento En estos instantes, cómo en un sueño, escribo desde la calle en un ordenador portátil que me facilita, por ejemplo, el trabajo de corregir. Siento la suave temperatura del atardecer y, cuando el sol se desmorone sobre la raya gris del horizonte, este texto habrá volado sobre las cumbres a lomos de Internet hasta la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente.  Sin más trabajo que el pulsar con acierto unas teclas. Un milagro de las nuevas tecnologías. Casi imposible de creer para las generaciones de la pizarra y el pizarrín. Quién me lo iba a decir. Además podría estar leyendo un libro en formato digital y proseguir luego entre centenares de títulos y temas almacenados en una tableta del tamaño de un cuadernito… Podría manejar cualquier tratamiento informático a través de un teléfono móvil… Podría, ¡qué sé yo!...

Veo la sierra y me llega el pálpito de un futuro escrito entre los pliegues de sus laderas. En estos horizontes serranos se asentará otra historia en el devenir de los años. Otra Historia -con mayúscula- imbricada en una crisis económica alarmante. Se acabó el modelo de desarrollo que nos hemos dado y el trabajo para toda la vida.  Creo que el efecto llamada de las ciudades se ha de invertir a favor de los pueblos donde, seguro, habrá gente emprendedora que descubra el potencial económico en tanta tierra abandonada. Otras estrategias de desarrollo económico pueden estar en camino.

No hace tantos años no presentíamos todo este auge tecnológico que tanto nos asombra. Por ejemplo: los residuos forestales se transforman en recursos para generar energía eléctrica en los pinares del Alto Tajo. La madera como materia prima para generar electricidad. Asombroso. La biomasa es también un potencial económico y de investigación para el desarrollo industrial. ¡Qué bien! Se me ocurre soñar con un turismo de masas… con un avance tecnológico en las explotaciones ganaderas… y en la agricultura…

 Hay gente emprendedora en nuestra zona de pinares a los que habría que apoyar sin más traba burocrática que un inteligente proceso de saltar por encima de aquellos leguleyos que quiebran toda esperanza de futuro. Me gustaría que los alcaldes de los municipios aunaran sus esfuerzos para una gestión común en los asuntos económicos y de progreso. Sin competencia. Con responsabilidad y eficacia. Se podría empezar, por ejemplo, con trabajos de mantenimiento y seguridad de nuestros montes para la gente de pinares. Y con servicios de limpieza…

Deseo con toda vehemencia que estas labores se inviertan en generar un activo económico para la zona. Porque sabemos mucho de pinos y estamos preparados para proteger el pinar. Ni un incendio, Ni un deshecho. Puro mimo, mire usted.
 Se cuela la noche por entre temblores de una luz agónica y deshilachada. Recojo mis sueños en el cofre valioso del optimismo y apago la pantalla del ordenador. Suenan las campanadas en el reloj del ayuntamiento.  ¡Las ocho! Y yo con estos pelos.

Lo invisible | Guillermo Rancés

 
Lo invisible en la naturaleza quizás sea el fundamento de ella, lo oculto, lo que no vemos, conforma sus procesos secretos para que esta pueda recorrer los complicados caminos por los que transita la vida y que sean una realidad palpable.

El aire es invisible. Lo “vemos” cuando agita las hojas del bosque, hace galopar las nubes o mantiene estática la niebla del amanecer.

Pos supuesto, Invisible es también la energía que hace florecer la amapola o crecer al alcornoque.
Con respecto a nosotros es Invisible nuestra propia vida, la que nos permite ser y pensar, así como también la que hace posible la inmensa diversidad biológica. 

Lo cierto es que lo invisible nos mantiene al borde del misterio, absortos ante su evidencia.
Creer en lo que no vemos es, para el ser humano, una necesidad que estimula su curiosidad e impulsa la investigación.

La naturaleza es un bien real, pero son invisibles la inmensa mayoría de sus procesos, esos que el ser humano se esfuerza en descubrir y formular, ya que ni una sola de las leyes que rigen el universo ha sido creada por el hombre, solo las ha podido descubrir y enunciar.

Todo lo expuesto son simples conceptos que, si no están  asumidos por un firme convencimiento, son pura palabrería. Tienen que habitar en nuestro corazón  y hacerse realidad en el comportamiento.
Cuando salgamos al campo tratemos de tomar conciencia, con los ojos del cuerpo y del alma, de lo Invisible que nos rodea. Seamos conscientes del rumor del viento para que su presencia cobre vida en los oídos, y que lo mismo ocurra con el sonoro murmullo de un arroyo.

Seamos conscientes del trinar de los pájaros, aprendamos a identificar a qué especie pertenece cada trino. Tratemos de percibir los aromas de las hierbas silvestres y de las aromáticas, aprendamos sus nombres. Sigamos el zumbido de los insectos. Busquemos rastros ocultos en la tierra de aquellos seres que se nos esconden.

Con nuestros sentidos y con el corazón hagámonos conscientes del misterio invisible. Esto nos conducirá al respeto y al gozo de lo natural.

El medio ambiente no es un producto de consumo sino un ámbito que compartimos con todos los seres vivos. La especie humana tiene una gran responsabilidad porque es la que mas ha evolucionado y sus acciones inciden de forma determinante en la conservación de la naturaleza. Cuando nos acerquemos a lo invisible hagámoslo con buena voluntad y un amor que nos será devuelto multiplicado.

`El Hombre y la Tierra’ y el 2.0 | María Martín y Diego Valor

Muchos ya conocemos y disfrutamos del potencial comunicativo que ofrecen las redes sociales para generar conocimiento de forma cooperativa. Por eso, desde sus comienzos la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente se planteó la participación activa en internet a través de estas herramientas, tal  y como hubiera hecho el propio Félix si le hubiera tocado vivir en esta nueva sociedad  informatizada.

A este respecto es increíble recordar que, como apunta Benigno Varillas en su biografía autorizada de Félix, el naturalista ya imaginó, hace más de cuarenta años, un futuro en el que desarrollaría una capacidad extraordinaria, superlativa, imparable, que se llamaría Internet. No le podía dar aún ese nombre, porque en aquel momento no se sabía que algo así pudiera desarrollarse. Pero lo define. Lo describe, como un sueño, no solo suyo, sino de la vida inteligente. Dice Félix: “si el mundo de las termitas, el termitero; el de las hormigas, el hormiguero; el de las abejas, la colmena, mundos limitados, pueden funcionar coordinadamente gracias a que en su interior circulan mensajes codificados, químicos, no intelectuales, que han permitido que un sencillo insecto esté en vías de evolucionar hacia un súperinsecto, ¿no es posible que el primate que se llama sapiens, que ha sido capaz de inventar evolutivamente una argamasa infinitamente más plástica e inhibidora, creadora de más apretados entresijos, que es la comunicación, la cultura, pueda con esa argamasa intelectual que es el mensaje, transformar el planeta en un termitero gigantesco de hombres?”

 
Recogiendo y continuando las ideas de Félix, actualizadas y adaptadas a un nuevo marco expresivo, hemos acercado a ‘El Hombre y la Tierra’ al mundo 2.0, lo que nos ha permitido lograr la interacción, la colaboración y el intercambio de información con los diferentes actores y entidades relacionados con la ciencia y el medio natural sin fronteras físicas y, lo que es muy importante, a la sociedad en general, al ciudadano de a pie.

En  2008 nos dejamos atrapar por las redes sociales, pero no fue hasta la celebración de los actos de homenaje de Félix30 en 2010 cuando experimentamos la trasformación real al poner en marcha nuestro perfil en Facebook (www.facebook.com/felixrodriguezdelafuente).

Desde la creación del perfil en Facebook y la posterior página fan de Félix hace dos años se ha podido percibir el gran alcance de esta red social, que nos ha permitido aunar hasta hoy a más de 66.000 amigos. Con la ventaja añadida de llegar a ellos en tiempo real, conocer sus opiniones y reacciones.
Esta cercanía nos ha facilitado un diálogo directo con los seguidores de Félix, presentándoles de primera mano las actividades de homenaje al Amigo de los Animales, los productos y servicios cuya venta ayuda a mantener y difundir el legado del naturalista. Además todos los seguidores han podido transmitirnos el afecto por la figura de Félix Rodríguez de la Fuente que aún conservan.
En diciembre de 2008 se pone en marcha el perfil institucional de la FFRF en Twitter @FundacionFRF. En este tiempo hemos congregado a más de 2.100 seguidores, enviado más de 1850 tuits, retrasmitido eventos en directo, participado en debates y escuchado todo tipo de conversaciones en torno a los temas que nos importan: nuestro mundo rural y su desarrollo, la protección y conservación de la biodiversidad, el crecimiento y desarrollo sostenibles o el consumo responsable; siempre bajo el estímulo y la influencia de la huella de Félix.

Unos meses después nace el perfil del portal www.agendaviva.com : @agendaviva, más enfocado hacia la difusión de iniciativas y actividades relacionadas con el consumo responsable, el ocio sostenible, la alimentación sana… Con un número semejante de seguidores y algo más de actividad, la Fundación se sirve de este perfil para actuar como altavoz de aquellas otras organizaciones y expertos que hacen un gran trabajo para mejorar nuestro entorno y al mismo tiempo concienciar a la sociedad de su labor.

Seguiremos trabajando para que la comunidad digital tenga una voz activa junto a los mensajes de Félix tal y como ha sugerido recientemente Dave Neary, fundador de Neary Consulting :“Lo que tenemos que hacer en una comunidad online es lo mismo que haríamos en un jardín, tenemos que crear las circunstancias para que las plantas crezcan sanas y fuertes”.

Hoces del Riaza: el Refugio de Rapaces cumple 37 años | Fidel José Fernández

El 13 de enero se cumplen 37 años de la inauguración del Refugio de Montejo, y del Refugio del embalse de Linares, administrados respectivamente por WWF España (Adena) y la Confederación Hidrográfica del Duero; en Segovia, junto a Burgos y Soria.

      El 16 de junio de 1975, durante la Asamblea General de ADENA celebrada en el salón de actos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Félix Rodríguez de la Fuente nos hablaba del Refugio con la enorme ilusión que él sabía transmitir, pero advertía: “Ya verán ustedes los problemas que nos va a dar”. Y añadió: “Lo mismo que ahora Doñana nos trae quebraderos de cabeza, luego nos los traerá Montejo”.

    Se han concedido 25  premios a trabajos, películas o fotos relativos al Refugio; el último en 2011, de SEO/BirdLife, a la foto de un torcecuello obtenida en Montejo por Lola Fernández. Ya en 1997, el Catedrático Francisco Bernis Madrazo, fundador y Presidente de Honor de la Sociedad Española de Ornitología, me escribía en una carta que “resulta grato y sorprendente notar el enorme despliegue de estudios, filmografía y fotografía que va generando el refugio”; y también destacaba el “constante baqueteo con tantas personas y tantos problemas”, “al cabo de años y años”.
    En efecto, la permanencia del Refugio resultó todavía mucho más difícil que su creación.
Surgieron obstáculos que a veces parecían insuperables, o herían sentimientos profundos; y había que mantener el esfuerzo y la ilusión. Además de los habitantes de la zona, muchas personas relacionadas con la fauna, de toda España y también de fuera, han tenido algo que ver con este paraje emblemático. Las prolongadas adversidades dejaron claro quiénes defendían de verdad la naturaleza salvaje, en ocasiones hasta extremos increíbles. La asombrosa historia del Refugio es uno de sus grandes valores, aunque algunos parezcan querer borrarla.

     En 1975, se anunció un complicado proyecto de reintroducción del águila real. Sin embargo, las águilas reales volvieron solas después de la protección del paraje, en un lento proceso que pudimos seguir con detalle durante años. En la última Hoja Informativa sobre el Refugio (Nº 35, de 494 páginas), publicada en 2011, aparece amplia información sobre la historia de esta rapaz. Como señaló Hans Meltofte en 1988, en la revista de ADENA (“Panda” Nº 21), a veces parece olvidarse que muchas aves pueden volar.

     El éxito del Refugio, a menudo contra todo pronóstico, se debe sobre todo a quienes le entregaron parte de sus vidas durante décadas, de forma sacrificada y generosa. Destacan sus excepcionales guardas, queridos y respetados dentro y fuera de sus pueblos. En la Navidad de 2011, después de una larga enfermedad, falleció Justa Iglesias Almendáriz, mujer de Hoticiano Hernando (ahora guarda de Honor) y madre de Jesús, guarda actual de WWF España. Madre de cuatro hijos, trabajadora, inteligente y buena, Justa nos recibió siempre con tanto cariño y atenciones (al igual que toda su familia), que en cierto modo parecía casi como una segunda madre para muchos de nosotros. La multitudinaria asistencia a su funeral (Montejo estaba abarrotado de coches) reflejó también el aprecio que se le tenía.

     Poco antes, en octubre, había muerto Blas Hernando Benito, buen amigo de Montejo; “y uno de los imprescindibles pastores que dan vida a estos páramos”, como recordó Luis Suárez (responsable de Biodiversidad terrestre de WWF España) en un emotivo escrito.

    También en octubre de 2011, quedó sin ovejas un pueblo cercano de Burgos, como había ocurrido poco antes en algún otro de Soria. Ya en 1972, Ramón Elósegui escribía, en la revista “ADENA” (Nº 3), a propósito de los comederos de buitres: “El pastoreo general está en crisis, y aunque parezca paradójico esto conduce a la degradación de los prados naturales (…)”. El declive de esta actividad milenaria, agravado en los últimos años por un sistema insostenible de retirada de cadáveres  (en el que cuesta bastante más destruir una oveja muerta que comprarla viva), se refleja en nuestro comunicado conjunto “No se puede seguir así”, suscrito por 34 asociaciones. Es urgente que, cumpliendo las últimas disposiciones europeas y nacionales, las comunidades autónomas delimiten zonas extensas donde se permita de nuevo dejar reses muertas en el monte, y los buitres desarrollen su función.

    Por otra parte, deseamos que pronto funcione bien el nuevo comedero de buitres en Maderuelo. En la comarca apenas quedan comederos; exceptuando el de WWF en el Refugio, y los de Campo de San Pedro y Ayllón. Se deben dar facilidades, en vez de poner dificultades absurdas y al parecer ilegales, a personas o entidades que desarrollan amablemente una importantísima labor de alimentación de estas aves, por otro lado protegidas por la ley.

    Además del hambre, los buitres, los vertebrados europeos que se reproducen más despacio, se enfrentan a otras amenazas; desde los parques eólicos hasta el veneno, o ciertos tendidos. Sin olvidar las molestias ocasionadas por algunos visitantes, como pudimos comprobar de nuevo en nuestro último censo colectivo de otoño, coordinado por Juan Prieto; durante el cual, por cierto, descubrimos un nuevo punto de reproducción del sapo partero.

    Más de 600 ornitólogos han participado en estos censos. Dos asambleas de la Sociedad para la Conservación de los Vertebrados (en otoño de 1995 y 2005, respectivamente) se celebraron en Montejo; y fue allí donde se fundó, el 16 de noviembre de 1991, la primera Unión de Grupos Naturalistas de Castilla y León. El 24 de septiembre de 2011, tuvo lugar en Valladolid una reunión de representantes de estas asociaciones, organizada por ACENVA; como se indica en la última circular del Fondo, que puede verse en www.naturalicante.com.

    El Refugio ha aparecido en 3.742 publicaciones impresas de todo tipo, 11 tesis doctorales y distintos proyectos fin de carrera, 909 trabajos o informes naturalistas (sin contar los de censos, que son muchos más), casi cien mil páginas de datos, 226 programas de televisión y 619 de radio, 17 títulos o figuras de protección, 279 conferencias, 49 congresos científicos (18 internacionales), etc. Reflejan el excepcional seguimiento conseguido, que además ha inspirado proyectos en otras partes de España.

    Pero sigue habiendo sorpresas. El 31 de agosto de 2011, Juan Luis Galindo vio un flamenco (joven) en el embalse de Linares, por primera vez (quizás para toda Segovia); con lo que suben a 325 las especies de vertebrados citadas en la zona.

   En 2011, llegó a volar un pollo de buitre leonado en tres nidos singulares: uno utilizado con éxito durante 31 años, y dos que lo han logrado en 16 años consecutivos. Son los nidos campeones en sus respectivas categorías, de un total de 771 nidos con éxito y 4.608 pollos volados que he podido controlar, durante 30.407 horas allí. También en 2011, salió adelante un pollo de alimoche en un nido que, al haber sido utilizado durante 25 años (sin contar unos tres años más en que la reproducción fracasó), es el campeón de los 98 nidos de alimoche (78 con éxito) que conozco en la zona.

    En 2006 hicimos un homenaje al experto ornitólogo suizo Daniel Magnenat; quien nos encargó, antes de morir, que siguiéramos “amando y protegiendo esta bella región”, “completamente excepcional, de valor internacional”. Su viuda, Marianne Delacrétaz, envía cada año una ayuda económica para apoyar las Hojas Informativas y otros trabajos altruistas sobre el Refugio. Deseamos que se mantenga hermoso y salvaje; y siga moviendo voluntades e ilusiones, para estudiarlo y defenderlo, seguramente como en pocos espacios naturales ha sido posible.

 Dr. Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo es presidente del Fondo para el Refugio de las Hoces del Riaza

Cinco ingredientes y una receta | Gustavo Duch

Con sólo cinco ingredientes, ni uno más ni uno menos, cualquier empresa de restauración colectiva que se precie, cualquier cocinero o cocinera con habilidades suficientes, tiene bastante para organizar menús, de lunes a viernes, sin tener que repetir ni un solo plato, fíjense:

Ingrediente 1: Los precocinados. Varitas de pescado, buñuelos de bacalao, crestas de atún, croquetas de cualquier cosa. Para las empresas es un plato de bajo coste. Para la cocina una bolsa que sólo hay que freír. Alimentos de diseño, que como plastilina se moldean en todo tipo de formas y figuras.

Ingrediente 2: Las ensaladas. Apunten la receta: «se corta un iceberg (esa bola compacta de hojas lechuguinas asfixiadas en plástico), abrimos unos botes de zanahoria rallada, otros de remolacha rallada y añadimos unas frescas latas de maíz y aceitunas». Ya tenemos el arcoíris completo, verde, naranja, rojo, y amarillo. Si a tanto deslatado queremos darle un punto de frescura, venden unos tomates de invernadero a precios asequibles todo el año. El cocinero abrelatas tiene que ser muy cuidadoso (¡es un trabajo peligroso!) para no ensangrentar los platos.

Ingrediente 3: La carne. La ganadería industrial alimentada con soja transgénica nos permite introducir kilos de proteína animal que, dicen, es imprescindible para nuestras animales digestiones. En cocina, a primera vista, esas hamburguesas color pantera rosa, parecen un poco extrañas, pero cuando los comensales la encuentran bajo un mar de kétchup, ni por mucho que se fijen observarán sus costes ecológicos y sociales.

Ingrediente 4: El pescado. Hablar de pescado en la cocina de una colectividad es ser exacto y preciso. Porque sólo un pescado traspasa las puertas: la panga o pez bagre, que después de un viaje en contenedor, que nos los trae desde contaminados ríos en China o Vietnam donde son criados, aparecen en el mármol de la cocina perfectamente laminados. La cocinera los mira, no los conoce; se imagina que forma tendría en estado vivo, no lo sabe; pregunta a su madre, -¿has cocinado esto alguna vez?, la respuesta es nunca; pues venga, vuelta y vuelta.

Y por fin, el ingrediente número cinco, la verdura.Fundamental, todas las propuestas nutricionistas hablan de la importancia de las verduras para las niñas y niños, para pacientes de hospital, para la tercera edad. Así que, como buen enfermero que se preocupa por la salud, el cocinero coge las bolsas de verdura congelada y destemporizada, las agita delicadamente, y a la olla. La salud, como las patatas y guisantes, se mantendrá bien conservada.

Así son, en la mayoría de casos los menús de muchas familias, y las dietas en muchos comedores colectivos (colegios, hospitales, geriátricos, etc.). La imposición de un modelo agrícola intensivo y globalizado ha caminado de la mano de la imposición de un modelo de consumo homogeneizado. Es decir, en la misma medida que las gentes del campo han ido viendo desaparecer su soberanía en la producción, toda o casi toda la población consumidora ha ido perdiendo su soberanía en el consumo.

Por eso es importante conectar ambas realidades y tejer alianzas entre el campo y la ciudad. Si queremos una alimentación sana, justa y de calidad necesitamos a la pequeña agricultura agroecológica –la única capaz de ofrecernos dichos alimentos. Si las gentes campesinas quieren vivir de su trabajo y producciones, con dignidad y suficiencia, necesitan de población consumidora concienciada y responsable. Una alianza para recuperar un derecho fundamental: la soberanía alimentaria.