Lo invisible | Guillermo Rancés

 
Lo invisible en la naturaleza quizás sea el fundamento de ella, lo oculto, lo que no vemos, conforma sus procesos secretos para que esta pueda recorrer los complicados caminos por los que transita la vida y que sean una realidad palpable.

El aire es invisible. Lo “vemos” cuando agita las hojas del bosque, hace galopar las nubes o mantiene estática la niebla del amanecer.

Pos supuesto, Invisible es también la energía que hace florecer la amapola o crecer al alcornoque.
Con respecto a nosotros es Invisible nuestra propia vida, la que nos permite ser y pensar, así como también la que hace posible la inmensa diversidad biológica. 

Lo cierto es que lo invisible nos mantiene al borde del misterio, absortos ante su evidencia.
Creer en lo que no vemos es, para el ser humano, una necesidad que estimula su curiosidad e impulsa la investigación.

La naturaleza es un bien real, pero son invisibles la inmensa mayoría de sus procesos, esos que el ser humano se esfuerza en descubrir y formular, ya que ni una sola de las leyes que rigen el universo ha sido creada por el hombre, solo las ha podido descubrir y enunciar.

Todo lo expuesto son simples conceptos que, si no están  asumidos por un firme convencimiento, son pura palabrería. Tienen que habitar en nuestro corazón  y hacerse realidad en el comportamiento.
Cuando salgamos al campo tratemos de tomar conciencia, con los ojos del cuerpo y del alma, de lo Invisible que nos rodea. Seamos conscientes del rumor del viento para que su presencia cobre vida en los oídos, y que lo mismo ocurra con el sonoro murmullo de un arroyo.

Seamos conscientes del trinar de los pájaros, aprendamos a identificar a qué especie pertenece cada trino. Tratemos de percibir los aromas de las hierbas silvestres y de las aromáticas, aprendamos sus nombres. Sigamos el zumbido de los insectos. Busquemos rastros ocultos en la tierra de aquellos seres que se nos esconden.

Con nuestros sentidos y con el corazón hagámonos conscientes del misterio invisible. Esto nos conducirá al respeto y al gozo de lo natural.

El medio ambiente no es un producto de consumo sino un ámbito que compartimos con todos los seres vivos. La especie humana tiene una gran responsabilidad porque es la que mas ha evolucionado y sus acciones inciden de forma determinante en la conservación de la naturaleza. Cuando nos acerquemos a lo invisible hagámoslo con buena voluntad y un amor que nos será devuelto multiplicado.

4 comentarios:

ALEJANDRO dijo...

Somos naturaleza y como tales a ella nos debemos.

Anónimo dijo...

Es verdad, Guillermo, que invisible es el olor, y sin embargo es tan intenso como los colores, y que invisible es el sabor y tan real como las formas.
La suma de lo que apreciamos y de lo invisible nos revela la realidad de la naturaleza. Gracias

alicia delgado y mestres dijo...

solo seres con sensibilidad pueden escribir este texto, en el cual las palabras son tecleadas, pero es Invisible el sentimiento del escritor, aunque no entendible de modo que nos llega al alma y nos moviliza. La naturaleza no tiene leyes humanas, y los humanos tenemos leyes divinas, nuestro propio Yo, por ejemplo. Alicia Delgado y Mestres

Anónimo dijo...

Yo no soy anonimo Guillermo,soy Oscar Odriozola,pero como no puedo entrar a los comentarios,mas que como anonimo,tengo que anonimizarme para que sepas que te he leido y que el articulo.me ha parecido fascinante.un abrazo.

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