Cuánta tierra necesita un hombre | Gustavo Duch

Desde la cima donde duermen los restos del castillo de Lebrija, Sevilla, Txextu ganadero de Euskadi, sentenció ―llegará un jeque árabe y comprará todas estas magníficas tierras agrícolas de marisma. Los agricultores locales que le acompañaban en la visita se sorprendieron con su afirmación y bueno a pesar de tan disparatada idea, le creyeron a pie juntillas. Y Txetxu que no es adivino, lo adivinó. Ya están aquí.

En los últimos 10 años de burbujas especulativas reventadas, una nueva fórmula de inversión está expandiéndose. El capital más capitalista está acaparando toda la tierra fértil que le cabe en sus bolsillos. El razonamiento es sencillo: si la agricultura industrial se ha demostrado que es un negocio tan rentable como ineficaz y la población mundial aumenta, poseer áreas de cultivo será más rentable que inventar la gallina transgénica ponedora de huevos de oro. Disponer de tierra fértil es, a corto plazo, un gran negocio si cultivas productos de agroexportación o agrocombustibles; y a largo plazo una inversión que se revaloriza cada segundo que pasa.

Entre los inversionistas neoconquistadores de tierras destacan fondos y bancos de inversión como el Deutsche Bank; grandes empresas agrarias como Cargill; y petrodólares de países que temen por su seguridad alimentaria como los Emiratos Árabes.

Tomemos un ejemplo de esta última categoría, la empresa Al Dahra, líder en su país en el sector agrícola y ganadero, con una especialidad destacada: ser suministradora de heno y forrajes para la ganadería intensiva de la región. En este marco de economías liberalizadas y repletas de monopolios tan bien les va, que se expanden en busca de tierras baratas donde cultivar más forrajes, más dinero.

Al Dahra ya dispone de muchos miles de hectáreas en Namibia, Sudan y Egipto donde se cultiva arroz, trigo, alfalfa o palma aceitera. Y como viene denunciando la organización GRAIN este acaparamiento de tierras fértiles es desencadenante de más pobreza en las zonas rurales donde se da. Se desposee de tierras a miles de personas y sólo algunas de ellas, con mucha suerte, podrán ser brazos temporeros y malpagados en alguna de las nuevas y modernas fincas agroexportadoras. Mercantilizar la tierra debería estar prohibido.

Y como decía Txetxu, Al Dahra ya entró en España con la compra de la empresa aragonesa Desagro y sus tierras cultivables, y sigue en expansión por nuestro país. El pasado mes de enero adquirió dos empresas -y sus tierras cultivables- en la provincia de Lleida. Sus cálculos lo dicen todo pues prevé elevar su producción de las 110.000 toneladas actuales a 180.000 hasta 2015.

«Toda la tierra que recorras será tuya», le dicen los campesinos bashkirios a Pajom, el personaje de Lev Tolstói en el relato ¿Cuánta tierra necesita un hombre? Y toda, parece la respuesta del capitalismo irresponsable, que, lástima por él, no sabe cómo acaba la historia de Pajom.

Las aves se salvan de su 'silla eléctrica' | Rosa M. Tristán

Contaba sólo 19 años cuando el biólogo Miguel Ferrer, hoy investigador del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en la Estación Biológica de Doñana, comenzó a recoger aves electrocutadas en el Parque Nacional. Aquel verano, llevaba 12 en su haber cuando un día se topó con una espectacular hembra muerta, de cuatro años. Era la número 13. “Me dio un bajón tremendo y ese día llamé a la compañía eléctrica. Les dije que le había contado a Felipe González, que entonces iba por allí, lo que pasaba con sus postes y al día siguiente vinieron tres ingenieros y comenzamos a colaborar”. Evidentemente, aquel joven no había visto al presidente del Gobierno ni de lejos, pero aquella mentira fue el inicio de un trabajo que 30 años después nos proporciona una buena noticia.

El trabajo de su equipo logró que las compañías eléctricas comenzaran a cambiar sus tendidos, hasta el punto que se ha reducido en un 80% la mortalidad de aves en todo el país por este motivo. Sólo en Andalucía, tierra de Ferrer, se estima que se han salvado más de 15.000 y el científico me asegura que si no se hubieran tomado medidas desde entonces, la majestuosa águila imperial ibérica, de la que ahora tenemos 400 parejas, habría desaparecido, o casi, de nuestros cielos.

Afortunadamente, no ha sido así, y las muertes por electrocución o por colisiones de esta especie en Doñana han caído un 97% (en toda Andalucía un 62%), confirmando que es posible que aves y cables de alta tensión convivan en un campo donde los árboles son cada vez más escasos.


Y es que hasta la última década del siglo pasado se habían instalado millones de tendidos peligrosos, sin aislantes adecuados, demasiado grandes y juntos, con el cable mal colocado... En definitiva, auténticas trampas mortales que las compañías han ido corrigiendo hasta dejar 10 millones de kilómetros cuadrados limpios de peligro.

Y lo han hecho pese a que la normativa nacional al respecto salió tarde (en 2008) y mal (pues exime a las eléctricas de su responsabilidad).

Pero quedan lagunas. A nivel empresarial, aún se trabajan poco la investigación y el desarrollo: ¡siguen usando los mismos postes de hace 50 años¡. “Ya es hora de que sus ingenieros se pusieran a diseñar modelos más seguros”, comenta Ferrer. Por cierto, que también les reclama que ahora que están tan concienciados en España hagan lo propio cuando llevan su tecnología a otros países en desarrollo “porque si repiten los errores, ya saben que les saldrá más caro”. Y a nivel general, aún hay postes de particulares y de instituciones forestales que no han sido ‘corregidos’.

El libro, editado por Endesa, además de datos, estudios de campo y documentación, también recoge divertidas vivencias de Ferrer, que por cierto ahora es el Delegado del CSIC para Andalucía. Una de ellas me la resume así, en una conversación desde el AVE de metal que le lleva a Sevilla: “Sucedió un día en la Laguna de La Janda, en Cádiz. Andábamos marcando águilas cuando se nos acercó un coche de la Guardia Civil a preguntar qué hacíamos. Y cuando se lo explicamos, replicaron: ‘¿Y no sería mejor poner un red sobre el parque para que no se escapen?’. Ante tamaña pregunta no se me ocurrió más que decir: ‘Pero entonces no entrarían los gansos cuando vienen’. ‘Ah, claro, claro, ¿ves como hay que entender?’, se decían el uno al otro”. 

Pensando en el 14N | Gustavo Duch

De hoy en adelante – manifestamos – no trabajaremos nunca más para financiar Estados déspotas que nos roban la vivienda o el sustento, ni para estados depresivos que nos roban la felicidad. El trabajo esclavo ha llegado a su fin.

Interrumpimos inmediatamente y para siempre el consumo consumista que nos consume la sonrisa y devora mares, tierras, aires y aguas. Las gentes no son el Mercado ―afirmamos ― el mercado es sólo un lugar de encuentro.

Se proclaman inactivas a perpetuidad las jornadas machistas que insultan al amor, al cuidado, al abrazo.

Terminantemente lo decimos, ¡nos plantamos! Nos plantamos, cual semillas rebeldes en la Tierra, ante los abusos prepotentes que sobre ella cometemos.

Declaramos en huelga general y permanente al hambre y al dolor; al mal amor y al mal humor.

Mantendremos en paro indefinido a las guerras. A sus hacedores les suspenderemos de todos sus cargos, por los siglos de los siglos, así sea.

Y, huelga decir, que declaramos indefinidamente interrumpida la búsqueda y acumulación de la riqueza materialista responsable de todas las pobrezas.

Entre camaradas, con almas cómplices, juramos ocupar todos los segundos, minutos y horas que hoy desocupamos, en la construcción colectiva de un estado de felicidad permanente.

DECLARAMOS EL ESTADO DE HUELGA GENERAL PERMANENTE.

¿Piensas que ya no hay nada por descubrir? | María de la Cita

Siguiendo el ejemplo del propio Félix, la Fundación apuesta por utilizar las nuevas tecnologías como medio para generar nuevas formas de comunicación, que fomenten entre el público el conocimiento de la riqueza natural y cultural de nuestro medio. 

Esta plataforma está destinada a reflejar la realidad del medio rural y detectar y difundir experiencias ejemplares, es decir, aquellas que fomentan modelos económicos, sociales y medioambientales sostenibles en el medio rural. Para ello, se han creado estructuras tecnológicas de última generación, basadas en herramientas de uso convencional para el usuario medio de Internet.

Así, el día 24 de octubre, la Fundación ha presentado su nuevo proyecto MiTierra Maps, una plataforma interactiva, basada en la geolocalización de recursos, dedicada a fomentar el conocimiento y la puesta en valor de cultura, economía y biodiversidad de nuestros pueblos, que ocupan alrededor del 90% del territorio español y que se encuentran, en parte, olvidados por la mayoría de la sociedad urbanita.

Para llevar a cabo este ambicioso proyecto, la Fundación cuenta con financiación del Plan Avanza 2 del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, la colaboración de Telefónica y con la participación de multitud de organizaciones como el Organismo Autónomo de Parques Nacionales, TurEspaña, Ecotur, etc., apostando de primera mano por la promoción del conocimiento sobre el medio rural-natural y por el fomento de actividades sostenibles en la naturaleza: turismo, compra de productos de emprendedores ejemplares, etc.

Actualmente, está activa la capa colaborativa “De MiTierra me gusta”, en la que todos los interesados, pueden subir información sobre sus lugares favoritos en España.  ¿Compartes con nosotros tus lugares favoritos?



Cubos y cubos de dinero | Gustavo Duch

 

Detrás de estas nuevas conquistas de tierras hay un factor estratégico que pudiera pasar desapercibido: el agua dulce.


Hace cuatro años, la organización Grain tuvo que inventar una expresión para describir una práctica nueva de ganar «cubos y cubos de dinero» que hoy ya es ampliamente conocida, a la vez que denunciada: el acaparamiento de tierras. El capital financiero de los bancos y fondos de inversión, los petrodólares de algunos estados y las arcas de algunas grandes corporaciones agroalimentarias están invirtiendo sumas muy significativas en la adquisición de las mejores tierras fértiles en los países empobrecidos del Sur. Una jugada con beneficios a corto plazo (hacen de esas tierras cultivos intensivos de alimentos para la exportación o cultivos energéticos para la producción de agrocombustibles) y a largo plazo, pues después de ver cómo reventaban burbujas como la hipotecaria optan por un valor que especulativamente hablando siempre valdrá más, la tierra fértil. Como decía Mark Twain, «no se puede fabricar más», y con el aumento de la población cada vez será más necesaria.


El acaparamiento de estas tierras está alcanzando proporciones aterradoras, pues cada nueva hectárea adquirida -robada, en realidad- es el despojo del medio de vida de la población local que se alimenta en gran medida de su agricultura de subsistencia. Los 60 u 80 millones de hectáreas de tierras cultivables en países pobres que ya han pasado a manos extranjeras en los últimos años (una superficie que no cabría en todo el Estado español) apuntan a ser la causa estrella de las hambrunas y la pobreza del siglo XXI.


Algunos casos documentados son especulativos cien por cien y van ligados a los llamados mercados de futuros. Otros, como decía, se centran en ampliar grandes negocios agrarios, como la empresa Al Dahra de los Emiratos Árabes, que ha adquirido tierras en Namibia, Sudán, Egipto y ¡Lleida! para dedicarlas a su especialidad, el cultivo de heno y forrajes para la ganadería intensiva de su país. En los países africanos citados este acaparamiento de tierras fértiles es el desencadenante de más pobreza en las zonas rurales donde se da. En Catalunya, donde la crisis del sector agrícola es un hecho, ¿qué puede suponer este tipo de fenómeno si se extiende?


Detrás de estas nuevas conquistas de tierras hay un factor estratégico que pudiera pasar desapercibido: el agua dulce, que para los fondos de inversión que la persiguen puede también ser doblemente interesante. Se prevé, por un lado, que en un futuro el agua pueda ser, igual que el petróleo, los cereales o la tierra fértil, una inversión especulativa en los mercados; y por el otro y ligada a las adquisiciones de tierras, es el activo clave para sacarles el máximo rendimiento. Judson Hill, responsable de un fondo de capital involucrado, dijo que invertir en agua ligada a la agricultura representa ya «cubos y cubos de dinero». En el punto de mira está de nuevo el continente africano, que con sus grandes ríos tiene -dicen- una abundancia de agua dulce que ahora no se explota comercialmente. Si uno mira dónde se están adquiriendo tierras en África, observa que la práctica totalidad están junto a las cuencas de grandes ríos como el Nilo, el Níger, el Senegal, con acceso directo a agua para irrigar las nuevas megaplantaciones. Y esto ocurre en un territorio donde al menos una tercera parte de la población vive en áreas con escasez de agua.


Apropiarse de tierra y agua para exportar alimentos o combustibles en manos de capital extranjero no solo no beneficia a la población local sino que compromete un recurso que ella tanto necesita. La India y China son dos ejemplos muy claros en los que en el pasado se ha promocionado el uso masivo del agua para irrigación minando sus recursos hídricos actuales a niveles alarmantes. El abuso del agua hace de este recurso renovable un recurso agotable. Se calcula que 200 millones de personas en la India y 100 millones en China se alimentan de cultivos regados con el agua de las futuras generaciones.

Francina Cortés
Las inversiones que miran a África reproducirán los mismos errores. Según los cálculos de la FAO, toda la cuenca del Nilo, que abarca unos 10 países, puede permitir el riego como máximo de unos ocho millones de hectáreas. Solo en cuatro de estos países se riegan ya cinco millones de hectáreas con agua del Nilo. Según un reciente estudio deGrain, en estos mismos países ya se han traspasado más de ocho millones de hectáreas a los susodichos inversores para sus cultivos intensivos de… cubos de dinero. Lo mismo pasa en otras partes del continente. El Gobierno de Malí ya ha malvendido medio millón de hectáreas a inversores extranjeros, cuando los expertos calculan que el uso sostenible del agua solo alcanza para 250.000 hectáreas.
Los números no cuadran y la lógica no encaja. Si no se para este expolio, el futuro del mismo Nilo y otros ríos está en juego, y con ello el futuro de los millones de personas en el continente más afectado por la crisis climática. Grain (Nobel de Ecología), una vez más, ya ha bautizado esta realidad y habla de un suicidio hídrico a no ser que se impida que con la tierra y el agua se acaparen cubos y cubos de dinero.

El acaparamiento total | Gustavo Duch


Primero fue el control de las semillas. Las grandes corporaciones sabiendo que son ‘el principio de la vida’ y ávidas por dominar la vida de todas y todos se lanzaron al control de un bien común que las haría poderosas. Muchas fueron las estrategias: patentaron la vida; hicieron desaparecer muchas variedades autóctonas con suposiciones productivistas; engendraron simientes estériles que se llaman híbridas o transgénicas; engullen a las pequeñas empresas locales de semillas; o financian el Arca de Noé en el Polo Norte, donde las preservan [para ellas] en un gran banco de germoplasma.

Un control que en pocos años ha alcanzado la categoría de acaparamiento. Como explican los estudios de ETC Group sólo entre tres empresas se reparten la mitad del mercado global de las semillas comerciales (Monsanto con una cuarta parte ella sola) siendo prácticamente las mismas empresas que dominan el polo opuesto: los pesticidas, herbicidas o plaguicidas, en definitiva ‘el final de la vida’.

Cifras similares de acaparamiento las encontramos si analizamos el poder corporativo en otros segmentos de la producción agroalimentaria, como los fertilizantes; la silvicultura; la comercialización de los granos básicos; la genética; la industria farmacéutica veterinaria y la producción animal; o el procesamiento y distribución de los alimentos.

Pero no es suficiente manjar para tantas tragaderas y en los últimos latidos de un capitalismo que se desmorona, buscan asegurar sus inversiones en nichos ‘a prueba de bombas’. Así hemos visto, y ha sido ampliamente denunciado por GRAIN, como en la última década ha brotado un impulso irrefrenable por el acaparamiento global de tierras. Disponer el capital como dispone actualmente (y sigue creciendo) entre unos 60 y 80 millones de hectáreas de tierra fértil significa administrar para su beneficio millones de toneladas de biomasa vegetal, convertida en alimentos, agrocombustibles o madera, así como otros recursos minerales ciertamente estratégicos.

El acaparamiento de tierras se extiende fundamentalmente por África pero también por otros lugares generando violentos conflictos como en Honduras o Colombia con decenas de personas campesinas muertas en la defensa de sus tierras; o en Andalucía (España), donde recientemente campesinos y campesinas sin tierra han sido desalojados de una finca pública que ocuparon para evitar su venta especulativa.

Pero no hemos acabado aquí. Un elemento estratégico falta para quien quiera ‘controlar’ el mundo, el agua dulce, pues sin ella es imposible la producción de alimentos, y la producción de negocios. La conquista por el agua camina de la mano del acaparamiento de tierras recién explicado. De hecho leyendo en un nuevo informe de GRAIN al respecto las declaraciones de Peter Brabeck-Letmathe, presidente y ex director general de Nestlé, las compras en realidad no son de tierra, sino «del libre acceso al agua que con ellas se consigue». Ciertamente, en dicho informe se analiza muy bien como la mayoría de las adquisiciones de tierras que se están dando en estos últimos años se corresponden con tierras que pueden acceder a buenos acuíferos y sobretodo a cuencas de importantes ríos como el Níger, el Senegal o el Nilo.

Los discursos en defensa de esta apropiación ya los conocemos,-utilizamos tierras y aguas que la gente no aprovecha para grandes plantaciones o cultivos que generarán desarrollo. Pero la historia de estos megaproyectos, la realidad de estas superplantaciones ligadas a la exportación, sabemos que no reporta beneficios a la población local. Hay demasiados ejemplos para ilustrarlo.

El acaparamiento de agua, además de ser un expolio que debe denunciarse y detenerse, acrecienta el problema de acceso directo al agua de muchos miles de familias campesinas, mermando sus posibilidades de vida pues estos proyectos se localizan en cabeceras o puntos estratégicos de los cauces. Pero surge un nuevo problema, el modelo intensivo de agricultura que se desarrollan para estos cultivos comerciales, así como los propios cultivos seleccionados para esas zonas, y el exigir a la tierra que esté en cosecha permanente (independientemente de lo que dicte el cielo y las lluvias) significa que todas esas nuevas zonas de cultivo ‘conquistadas’ a la población local van a poner en grave riesgo un sistema hídrico delicado que sólo con la sabiduría comunitaria se ha podido mantener. Es como dice GRAIN, un suicidio hídrico.

Semillas para producir intensivamente,
tierra para producir intensivamente,
agua para regar intensivamente
en manos de unos pocos fondos de inversión para acumular capital intensivamente,
es la peor de las pesadillas.

Pueblos indígenas, los mejores veterinarios | Rosa M. Tristán

En ocasiones, hay investigaciones que ponen en su sitio los conocimientos ancestrales, que en aras de la tecnología más puntera, hemos ido perdiendo por el camino. Es lo que ha pasado ahora con un trabajo sobre los masais de Kenia que concluye que, pese a vivir en una de la zonas más salvajes del planeta, son competentes veterinarios a la hora de detectar enfermedades en los animales, tanto salvajes como domésticos.

El estudio, liderado por investigadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y publicado en la revista ‘PLoS ONE’, se realizó con pastores masais en la reserva de Masai Mara, en colaboración con expertos del Kenia Wildlife Service. Según sus conclusiones, el 93% de los pastores identifica sin error las enfermedades que padece su ganado, que tienen que ver, en general, con parásitos como la sarna.

Los científicos hicieron un cuestionario oral a estos ganaderos africanos sobre la detección, precisamente, de la sarna, que afecta severamente a sus vacas y cabras, pero también a animales salvajes como los leones, las gacelas o los leopardos. Un 66% conocía perfectamente el parásito que la causa y un 69% era consciente de que es una enfermedad transmisible entre su ganado y la fauna.

Entre los años 2007 y 2011, este pueblo de origen nilótico informó de la presencia en Masai Mara de 59 animales salvajes enfermos, y ello propició que las autoridades los capturaran para curarlos y evitar que el número de afectados se extendiera. “Lo que hemos querido es reconocer su trabajo, poner de manifiesto que los pueblos indígenas, aquí y en otros lugares del mundo, deben ser un agente más en los programas para el control de enfermedades. Su ganado comparte el espacio con la fauna y son testigos directos de lo que pasa”, asegura el investigador Samer Alasaado, de la Estación Biológica de Doñana (CSIC).

Su colega, Ramón Soriguer, me aporta otro dato: en Masai Mara sólo hay un veterinario y más de 60.000 masais ¿cómo no contar con ellos? Sería imposible atender tan vasto territorio si no fuera por sus conocimientos.

Sin embargo, los masai son un pueblo con mala fama en sus propios países, y también entre muchas organizaciones conservacionistas. Les acusan de acabar con los leones para que su ganado no corra peligro o de ocupar demasiado territorio para su ganado, en detrimento de especies protegidas. Por ello, se les ha ido expulsando de sus tierras milenarias, sin acabar de implicarles en un desarrollo turístico del que sólo sacan dinero cuando están cerca de alguna pista y pueden acercarse a vender su artesanía.

Reivindicar su papel con argumentos científicos como los de este trabajo, con datos que demuestran su credibilidad a la hora de diagnosticar y tratar los animales, sirve para poner en su sitio a quienes anteponen los últimos avances científicos por encima de la sabiduría ancestral de este y otros pueblos, a menudo calificados de ‘salvajes’ y ‘atrasados’ por cualificados titulados universitarios.

Así es posible que quienes viajemos a África podamos seguir disfrutando de la insólita visión de un rebaño de cabras y gacelas Thomson, pastoreadas por un niño masai, en total armonía.

Imagen: pastores masais, en un mercado de ganado en Tanzania. | Rosa M. Tristán

La premio Nobel | Gustavo Duch

Me recordó a esas gacelas africanas -impalas creo que se llaman- que sobre sus patas traseras se levantan para mordisquear tallos y hojas verdes de lo alto de un arbusto: el tronco erecto, altivo; el cuello estirado y la barbilla enfrentada hacia delante, hacia el mundo. Las mejillas de Sofía Gática, ganadora del Premio Goldman 2012, habían desaparecido cavando en su rostro dos socavones.

 Relató sus doce años de lucha, de ella y otras madres en una barriada de Córdoba, Argentina, contra el gigante de los agrotóxicos, Monsanto, que enfermó a todo el barrio, y que enferma a media Sudamérica cuando las avionetas fumigan su veneno en los campos de soja que limitan con las casas, con las escuelas, con la iglesia y las canchas deportivas.
 
Con su sangre envenenada de glifosato, Sofía parió un hijo muerto; muchas de sus vecinas también. En las calles abundan niños con barbijos y mujeres con pañuelo en la cabeza para disimular malformaciones, leucemias o cánceres.

¿Cómo fue Sofía veinte años atrás?
 

Se desvanece el verano | Guadalupe Fernández de la Cuesta

De pronto se han consumido las fechas en el calendario con la misma indiferencia que damos al transcurso de las aguas por los cauces de los ríos o al viento que altera la quietud de la veleta. No sabemos en qué momento los helechos han humillado sus testas ocres y anuncian el otoño; cuándo el color morado de de las flores del tardío (los “espanta pastores”) tiñe de ausencias el paisaje; cómo se han ido enterrando tantos matices del verde intenso de los prados entre derrumbes y rastrojeras; en qué lugar y hora descubrimos nuestras sombras alargadas si hace nada, en ese mismo contexto ellas lamían nuestros pies… El sol enciende la madrugada con nuevas mordeduras en la línea del horizonte y arrastra hasta el ocaso el declive de su viaje. Caen las horas del reloj vencidas por el silencio de los anocheceres más tempranos: nuevos acordes del tiempo en el armónico deambular de la vida.

Los niños entretienen las últimas fechas del verano en los preparativos del cole: algunos finalizan remisos aquellas tareas escolares inacabadas y otros van consumiendo los juegos con ese tinte nostálgico de los finales de los cuentos. Los pueblos, en estas fechas, se van quedando vacíos de gentes y aguardan soledades y sueños de esperanza para las próximas vacaciones. Los mayores inician ahora toda suerte de buenas intenciones: no caer en excesos de comidas y bebidas, equilibrar el sueño, ordenar los asuntos pendientes y crear hábitos saludables.

El aprendizaje no se detiene con la edad. Al menos si uno se resiste a crear compartimentos estancos en nuestro cerebro donde nada fluye excepto nuestras propias convicciones. No es menos cierto que nuestra mente padece el envejecimiento de las neuronas y la memoria anda alicaída, pero aún con estos deterioros podemos levantar los anclajes de un comportamiento tozudo y mover la voluntad para la reflexión y la actitud positiva. Confieso que los niños han construido en buena medida, ya en la madurez, mi aprendizaje social y emocional. Ellos traducen el mundo afectivo que les rodea en sucesivos cambios de conducta según la solidez y estabilidad de la familia, del colegio, de los amigos…

Cuando su contexto familiar es de absoluto abandono no es difícil intuir que aquellos niños pequeños que en su etapa escolar comparten actitudes y hábitos con sus compañeros de clase, con un nivel de aprendizaje acorde con los contenidos del curso, puedan alcanzar las puertas de la delincuencia en las edades adolescentes Y abandonados están los niños “de la llave” que abren sus casas vacías sin una mano que los acaricie y ayude en sus tareas; los que duermen en “camas calientes” por el trabajo nocturno de su cuidador, sea el padre o la madre o algún pariente; los que por su aspecto sufren del racismo no explícito pero sí tolerado por la sociedad benévola; los que son excluidos de otros “coles” por razones de categoría social…

Cuando delante de mí caminan hacia hogares inexistentes los niños de la marginalidad pienso en las gentes que podrían adoptarlos y suplir sus carencias afectivas ¿Lo conseguirían, tal vez, una pareja no convencional? Sólo importa que los cuiden, los protejan y los quieran. Y mucho ¿Es que acaso esos niños han vivido la identidad de un padre y una madre? Nos debe preocupar, sobre todo las vidas de los menores que ya pisan la realidad. Creo que para cerrar cárceles hay que abrir los afectos. Pues eso.

Especies por descubrir ya están en jaulas | Rosa M. Tristán

Aún los científicos no sabían de su existencia. No tenía nombre, no se había investigado su comportamiento, nada se sabía de su población, pero el pequeño primate africano bautizado ya como lesura (Cercopithecus lomamiensis), llevaba mucho tiempo tras los barrotes de una jaula, en República Dominicada del Congo. Allí fue encontrado por una pareja de investigadores norteamericanos, John y Terese Hart, en una ciudad del norte del país.

El hallazgo fue hecho en 2007 y después de aquello, los Hart localizaron otros ejemplares en la poco explorada selva congoleña. Son, según publican en la revista científica PLoS ONE, unos monos muy sociables, que suelen caminar por el suelo de la densa floresta y que se muestran tímidos ante los extraños.

A estas alturas, descubrir un nuevo ser vivo, de estas dimensiones (miden entre 40 y 60 centímetros) es un acontecimiento para la ciencia. Lo penoso es que, como en anteriores descubrimientos, al mismo tiempo que se ha anunciado su existencia, los Hart, que trabajan en la Fundación Lukuru de Congo y en el Museo Peabody de Estados Unidos, han alertado de que están en riesgo de extinguirse. En este caso, no porque su ecosistema se esté degradando, sino porque los campesinos los cazan para comer.

Los Hart han pedido al Gobierno del país que en la región del río Lomami, donde habitan, se cree un parque nacional, aunque no parece probable. De hecho, mantener los que tienen les sería difícil sin ayuda exterior, y está es cada vez más escasa.

Así que el lesula es ya otro ‘agujero’ abierto en la crisis de la biodiversidad planetaria . Es un boquete tan reciente que ni siquiera ha podido incluirse aún en la ‘lista roja’ que 8.000 investigadores han retocado en el Congreso de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, en la República de Corea.

Los expertos han elaborado un tenebroso ránking con las 100 especies más amenazadas de la Tierra, entre las que hay algunas tan hermosas como el camaleón de Tarzán, el perezoso pigmeo o el rinoceronte de Sumatra. Pero también hay otras menos fotogénicas: pequeñas flores, hongos o unas mariposas grisáceas llamadas ‘Actinote zikani’, que quizás pronto dejen de existir después de millones de años.

El profesor Jonathan Baillie, director de conservación de la Sociedad Zoológica de Londres, denunciaba en este foro cómo los donantes e incluso los movimientos conservacionistas “se inclinan cada vez más a un enfoque sobre qué puede hacer la naturaleza por nosotros; y la especies y hábitats silvestres se valoran, también cada vez más, según los servicios que ofrecen a las personas, por lo que es más difícil proteger a las que están más amenazadas. ¿Acaso no tienen derecho a vivir? ¿Tenemos derecho a condenarlas a la extinción”, se preguntaba.

El paleontólogo Juan Luis Arsuaga, en la misma línea, me comentaba el otro día en una entrevista que la especie humana es “egoísta y mezquina” y que está envuelta en un “consumismo sin sentido”, que conlleva una destrucción brutal con un fin económico.

En Corea, la conclusión del foro de la UICN es que, al margen de que tengan o no rendimiento económico, todas las especies que nos acompañan a los humanos en la biosfera son únicas, insustituibles. Parece evidente que el lesula nunca despertará el interés que los turistas hoy tienen por ver lo gorilas de montaña, pero ese no puede ser el factor determinante que acabe condenándoles a la extinción.

En unos tiempos donde casi todo se ‘monetariza’ no está de más recordar que el mayor beneficio para nuestra especie será conservar lo que tenemos, lo sepamos o no, protegiendo su casa. Es deprimente que los nuevos seres vivos sean descubiertos en una jaula.

Buenos puestos de trabajo | Gustavo Duch

Mónica es antropóloga, y ha trabajado en los últimos años en sostenibilidad y ecología política para diferentes organizaciones internacionales. Su compañero Olivier, estudió ingeniería agraria y lleva en su mochila muchas experiencias en agricultura ecológica. Ambos han investigado y publicado sobre la especulación financiera con la alimentación, sobre agrocombustibles y otros temas geopolíticos de calado.

Dos ‘cracs’ que desde marzo de este año son arrendatarios de una finca agrícola, que les da derecho al uso de la vivienda y manejar un poco más de una hectárea de huerta. En estos meses que han pasado han hecho un duro trabajo y ya están cosechando decenas de kilos de diferentes variedades de tomates, calabazas, patatas, berenjenas, judías, pimientos y unos pocos melones. Cuando te muestran su campo orgullosos te dicen sin pestañear ─ ¡vamos a vivir de esta tierra!

Desde su finca se divisa no muy lejos un complejo enorme de polígonos encabezados por el letrero enorme de una gran superficie, se ven pasar aviones y se oyen cerca el retumbo de los trenes. Están en El Prat del Llobregat, dentro del Parc Agrari del Baix Llobregat, unos terrenos que sabemos han sido históricamente muy disputados. En el pasado por el potencial que significaba disponer de tierras agrícolas muy cerca de una capital con un número importante de población como la de Barcelona; posteriormente por los intereses del desarrollo industrial en Catalunya; después por avaricias especulativas con el boom de la construcción o de alguna infraestructura de servicios y comunicaciones; y durante los últimos largos meses de este año 2012, por el anhelo de un magnate estadounidense de los casinos (y por una parte de nuestra clase política) que la soñaban cubiertas de maquinas tragaperras.

Los argumentos contra tal complejo han sido muy difundidos y claramente han tenido que ver con el desenlace de este ‘primer acto’ que indica la no construcción de Eurovegas en Catalunya. Pero, ¿cuánto tardarán en llegar nuevas especulaciones sobre las mejores tierras agrícolas de Barcelona? Por ello es momento de retomar y analizar lo que el Parc Agrari puede aportar a mayores o en un futuro inmediato.

Y la iniciativa de esta pareja de jóvenes es una muestra a tener en cuenta. La agricultura, el sector que aunque primario de la economía parece olvidado -y así van las cosas-  sigue siendo una muy buena opción para generar puestos de trabajo. Estamos hablando de medios de vida o puestos de trabajo dignos, con futuro, con el disfrute de estar en contacto con la naturaleza; y sí, un trabajo duro (como casi todos) pero que con nuevas y viejas tecnologías aplicadas, ya no tanto. Cultivar y producir alimentos significa potenciar una economía productiva real y necesaria, quizás no muy lucrativa, pero estable y segura que repercute positivamente también sobre sus usuarios, es decir, todas y todos nosotros.
Contar con más personas dedicadas a la agricultura en nuestros territorios nos hará menos dependientes de terceros países (peligroso en muchos sentidos si pensamos en las crisis alimentarias por supuesta escasez de alimentos o por los vaivenes especulatorios que disparan los precios de los alimentos que se comercializan a esta escala global); mejora mucho el cuidado de los ecosistemas disminuyendo significativamente el riesgo de incendios que periódicamente nos asola; y, desde un punto de vista climático, se ayuda significativamente a reducir el calentamiento global del Planeta.
―Claro, me dirán, ―pero hoy es muy difícil vivir de la agricultura, seguro que Mónica y Olivier son unos idealistas. Y sí, lo son, por supuesto que sí, pero saben lo que hacen y lo hacen con responsabilidad y ética. Su hectárea, que es poco para la agricultura convencional del Parc Agrari, la están dedicando toda a la producción de alimentos ecológicos que venderán a población consumidora concienciada, a través de la venta directa o cooperativas de consumo. Sin pasar por Mercabarna o las grandes superficies que ahogan pagando con precios muy bajos, obtendrán lo justo por su tarea. La experiencia de otros y otras campesinas en diferentes puntos de todo el planeta demuestra que es posible.

A las administraciones les decimos, dejen de soñar con proyectos faraónicos y confíen en las economías locales y a pequeña escala, como la agricultura campesina.  Y tomen nota: con una inversión cien veces menor de las arcas públicas que la prevista en el caso del proyecto Eurovegas, dedicadas a mejorar algunas condiciones de riego e infraestructura del Parc Agrari y apoyando el acceso a la tierra de jóvenes, se podrían recuperar las parcelas hoy en desuso (precisamente por la marginación del sector primario y por la especulación sobre la tierra) que al estilo de Mónica y Olivier representaría proveer de más de quinientas unidades o fincas agrarias de las que podrían vivir más de quinientas familias, además de generar una cantidad importante de empleos indirectos. Para todo esto, solo necesitamos una pizca de voluntad política.

Del ‘aturem eurovegas’ pasemos al ‘más parcs agraris’, porque cultivar y producir alimentos significa cuidar la tierra, y es una apuesta por la vida misma.

Armstrong: un gran paso para la Tierra | Rosa M. Tristán

Hace unos días murió Neil Armstrong (izqda) y, aunque pueda parecer paradógico por tratarse de un astronauta, su desaparición tiene mucho que ver con la conservación de la Tierra.

A esas alturas, ya no tiene sentido contraponer los recursos que se invierten en investigación espacial a los destinados a conservar nuestro entorno. Miles de satélites, desde más allá de la atmósfera terrestre, ayudan a tener una visión completa de problemas como la desertificación, el cambio climático, la monitorización de especies o la contaminación oceánica, con datos que sería imposible tener desde la corteza terrestre.

Gracias a ellos, por ejemplo, hemos sabido que este mismo verano el Ártico y Groenlandia han batido récords de deshielo, hemos seguido la trayectoria del huracán Isaac o hemos visto las llamas que devoraban nuestro territorio.

Por desgracia, también hay una de cal en este indudable progreso: se han lanzado infinidad de artefactos y naves sin que se haya inventado un sistema para su desaparición total: en atmósfera terrestre se calcula que hay dos millones de toneladas de desechos espaciales a los que no se ha buscado destino.

Sin duda, figuras como Armstrong hicieron mucho para promover investigaciones de observación del planeta desde el espacio. De hecho, el explorador norteamericano estuvo presente en el II Congreso Internacional de World Wildlife Fund (WWF), celebrado en Londres 1970. Allí, entre su auditorio se encontraba Félix Rodríguez de la Fuente, como recoge Benigno Varillas en la biografía del naturalista español publicada por La Esfera de los Libros.

Sus palabras en este foro, y en otros muchos a lo largo de su vida, siempre tuvieron un mensaje conservacionista: la Tierra, vista desde la Luna, se ve “muy frágil, muy pequeña y su única belleza iriscente y azulada la origina la propia biosfera que la rodea”, aseguró en aquella cita.

El año pasado, en lo que fue su última visita a España, dentro del Starmus Festival celebrado en Tenerife, insistió en este mensaje y señaló que “el ser humano debe mejorar su comportamiento para expandirse más allá de este planeta”. Respondía así a las palabras de Brian May, astrofísico y fundador del grupo de música Queen, que expresó su temor a que el ser humano sea ‘una plaga’ allá donde vaya.

Pero el astronauta recordó que la vida en la Tierra tiene fecha de caducidad, porque un día el Sol se apagará y por ello, aseguró, debemos esforzarnos por no precipitar ese final, aunque sin dejar de buscar otros mundos para cuando el nuestro se congele.

Si logramos mantener esta frágil canica azul como nos la encontramos, su huella en la Luna no habrá sido sólo un gran paso para la Humanidad, sino para toda la Tierra.

Foto Neil Armstrong con el cosmonauta Alexei Leonov, en Tenerife en 2011 | Rosa M. Tristán

Vida para nuestros pinares | Guadalupe Fernández de la Cuesta

En la sierra respiramos aires festivos por cada poro de nuestra piel. Las casas habitadas abren sus postigos a las calles donde los niños entretienen sus vacaciones con juegos a la intemperie y los jóvenes apandillados lucen su frescura y sus ganas de comerse el mundo. Una imponente carga de energía vital cabalga por entre las nubes hasta remotos despachos alfombrados de sombras alargadas.

Los pinares y campos, mudos y sombríos en el invierno, comparten su aliento con los incansables andarines y ambos evocan sus nombres y apelativos. La simbiosis con la tierra que amamos nos brinda una tibia esperanza por el futuro de nuestros pueblos cargados de vida autóctona en estos benditos veranos de temperaturas amables y cielos de cuento.

Nuestras gentes no navegan por la corriente de la rutina oteando sus márgenes sin otro quehacer que voltear una mirada indolente y perezosa por los excepcionales parajes que nos rodean, sino que, incansables, promueven múltiples iniciativas ingeniosas y de gran calado para apuntalar una población que, al menos, no eche el cerrojo definitivo a la vida de los pueblos envejecidos. En los pinares se van tejiendo paulatinamente oscuros entramados de abandono. Es la crisis económica, pienso mientras observo el monte tapizado de pinos tronchados, varas abatidas y laderas despanzurradas, materializado todo ello por los temporales del invierno y alguna tormenta veraniega. Algún día remitirá… Escucho el lamento de mis pasos que deambulan por caminos imposibles. 

No hace tanto tiempo que los rumores de la sierra traían aires próximos y familiares: Se hacía limpieza de montes; subasta de leña; entresaca de varas… Entendemos el pinar como una prolongación de nuestro hogar y así lo cuidamos: Nunca se propagó un incendio de colosales dimensiones porque al fuego se le arranca todo su poder destructivo apenas se vislumbra una espiral de humo en el horizonte. Sin conflictos, todos a una, labrando cortafuegos con las herramientas que da la firme voluntad de apagar las llamas y no entregar ni un pino más al fuego. Somos sus dueños y ellos nuestros fieles servidores.

Será la crisis. Claro. ¿Y como se gestiona esta bendita crisis? Andan demasiado lejos de las zonas rurales los despachos del gobierno autonómico, las preocupaciones de los políticos, los entresijos burocráticos y las competencias arbitrarias.

Hace un par de años –cito un ejemplo- se declaró “Parque Natural de las Lagunas Glaciares de Neila” a todo su término municipal con las fotos mediáticas oportunas. Entre otros objetivos se enumera como una opción prioritaria la creación de puestos de trabajo en la localidad. Desde la otra punta del mapa de la provincia de Burgos acude cada día un equipo de personas que hacen trabajos en el monte cuando en el pueblo hay vecinos apuntados al paro. ¿Cuestión de competencias? ¿De imagen? Creo que, cada vez más, las decisiones dependen en mayor grado de la Junta sin contar con los Ayuntamientos y vecinos.

Llevo tiempo dando vueltas a una maldita premonición que se sustenta en todo el potencial económico que puede generar el desarrollo y comercialización de la “Biomasa”. Los mandamases de la Administración están viendo un gran negocio en los pinares cuando remita la crisis. De este negocio los habitantes y empresas autóctonas no verán nada. Lo ideal para los cuatro amigos de turno serían los municipios despoblados y sin resistencia. ¡Qué pesadilla!

Se oye el bullicio de la chiquillería en la calle. Me voy.

Cerrado por caos | Gustavo Duch

Las noticias ya no daban cifras del paro, daban cifras de mortalidad infantil; no se hablaba de recortes en sanidad, se huía de las epidemias y se traficaban medicamentos y vacunas; no se protestaba contra los barracones que hacían de escuelas pues mucha gente malvivían en barrancos o vertederos bajo lonas de plástico.

Será terrible, la crisis de la deuda financiera acabará con el Euro como moneda única, y con el dólar y el yen como monedas arrogantes. Volveremos a las monedas nacionales que una a una también irán pereciendo, así que no quedará más que recuperar las monedas locales sin ningún valor en bolsa, los bancos de tiempo o cualquier otra forma de trueque humanizado. Sin dinero, será terrible, y los ricos no serán ricos y los pobres no serán pobres.

Cundirá el pánico, se acabará el petróleo y sus derivados que mueven el mundo, y que por todo el mundo mueven toneladas de mercancías. Se acabarán los viajes low cost, los alimentos exóticos y lamentablemente volveremos al ritmo perezoso de los animales tirando de carros, las bicicletas a pedales o la vela al viento. Sin gasolina, qué miedo, se correrá menos y se respirará mejor.

Quebrarán muchas empresas transnacionales que han apostado fuerte a la globalización. Sin pescanovas, campofrios o monsantos nada habrá en las neveras de mercadonas o walmarts. Cerrado por caos, pondrá en los letreros. Y ¿qué comeremos sin la industria alimentaria? Suficientes, variados, frescos y sanos alimentos que las redes y cooperativas sin lucro proveerán de pequeñas campesinas y campesinos.

El sistema se derrumbará completamente arrastrando con él la sanidad y la educación pública y nos indignaremos con motivo. La vida en las ciudades será complicada. Fábricas desahuciadas, centros comerciales abandonados y los índices del paro subirán y subirán. Sin nada que hacer, se empequeñecerán las ciudades al marchar parte de sus gentes a los pueblos de antes. Con menos urbanidad y más ruralidad se harán economías productivas sencillas y sostenibles, se prestarán servicios comunitarios con las mejores vocaciones ejerciendo, y la comunidad dará respuestas, calor y alegrías.

Nos esperan muchos más sobresaltos. Los asilos no aceptarán almacenar vejez como restos de serie, y se convertirán en universidades de la recuperación del saber. En el espejo nos veremos cambiados porque nos reconoceremos mejor. Y en las calles o comedores populares encontraremos amistades, como el que no quiere la cosa, sin darnos ni cuenta.

El fin de un capitalismo insoportable nos da miedo porque no sabemos (aún) que sin él inventaremos comunitarismos que nos harán vivir mejor.

Tanzania, tras las huellas del pasado | Rosa M. Tristán

Cuando se aterriza en el aeropuerto de Arusha, puerta de entrada a los grandes y emblemáticos parques nacionales de Tanzania, lo primero que de divisa, si las nubes lo permiten, es la impresionante cumbre del Kilimanjaro, un gigante de casi 6.000 metros al que los motores del norte han hecho perder su blanca capa de nieve.

Arusha, sin embargo, decepciona, como tantas otras ciudades africanas en las que el caos del tráfico, construcciones sin orden ni concierto y suciedad se confabulan para que los viajeros salgan corriendo en busca de ese otro mundo que les espera a pocos kilómetros, el lugar en el que nuestros ancestros dieron sus primeros pasos.

Nada me sorprende que Félix Rodríguez de la Fuente se quedara prendado de la exuberante naturaleza de este país africano, que tiene algunas de las reservas más fascinantes del continente. Nombres como Ngorongoro o Serengeti evocan por si solos un mundo de aventura que no logran romper las masas de turistas apiñadas en los 4x4,.

Dos veces he tenido la suerte de visitar este país. La primera, realizando un safari que, como este viaje de la Fundación, salió de Arusha. No conozco la reserva privada de Sinya. Mi primera parada fue en el Parque Nacional de Tarangire y mis primeros animales salvajes, una familia de elefantes que se estaban bañando, rebozados en barro, después de que la matriarca del grupo le buscara el camino más seguro. Aquellos gigantes forman parte de los centenares de paquidermos que el norteamericano Charles Foley lleva décadas investigando y gracias a ellos ha descubierto grandes paralelismos entre su comportamiento social y el de los seres humanos.

Allí, frente ellos, fue donde realmente inicié un viaje que ,por pistas polvorientas, baches y continuos cambios de temperatura, permite asomarse por una inmensa ventana al pasado, al momento en el que en la Tierra decenas, cientos, miles de especies, del escarabajo al león, se paseaban sin riesgo a un atropello, a un disparo, al confinamiento en una jaula, por más que sea de oro.

El primer vistazo desde la orilla al cráter del Ngorongoro no puede dejar indiferente. Ya antes de bajar por sus escarpadas paredes se intuye a sus habitantes. Cebras, hienas, leones, hipopótamos, rinocerontes, búfalos… y elefantes tan grandes que arrastran sus colmillos. Les llaman los ‘aradores‘, y con razón.
Sólo pensar en lo que espera más adelante incita a abandonar tamaña concentración de animales. Siguiendo ruta, es necesario, imprescindible, parar en el Museo de Olduvai (Oldupai, para los nativos) para que ese retorno histórico adquiera sentido. Si hay tiempo, cómo no acercarse al centro español de investigación que el Instituto de Evolución en África (IDEA) abrió el año pasado en la famosa Garganta, el lugar con más yacimientos con restos de humanos del planeta, Patrimonio Mundial de la Unesco.

Fue el proyecto que un grupo de investigadores españoles y tanzanos mantiene en Olduvai el objeto de mi segundo viaje. Bajo la dirección de Manuel Domínguez-Rodrigo, Enrique Baquedano y Audax Mbulla, y siguiendo los pasos de la familia Leakey, los españoles están encontrando fósiles fascinantes, de hace entre uno y dos millones de años, que nos ayudan a conocer cómo éramos cuando un buen día nos erguimos sobre dos piernas y comenzamos a caminar…. Cuando el cerebro aumentó… Cuando empezamos a fabricar utensilios de piedra.
Los masais que viven cerca de la estación científica IDEA tienen unas bomas (poblados) mucho más míseras que los que viven al borde del camino a Serengueti. Allí no llegan los turistas que compran sus llamativos collares, ni donaciones para escuelas o dispensarios. Al verles pastorear sus cabras entre gacelas, tal ágiles y delgados, es fácil imaginárselos cazando con la lanza al hombro, esquivando lelones. Sobreviviendo.

Pero de nuevo hay que seguir ruta… y dejando atrás a los paleontólogos, observados de cerca por una manada de jirafas, pronto se llega a la entrada al gran Parque Nacional de Serengeti, una reserva única que logró salvarse este año de un proyecto infame: el Gobierno tanzano pretendía cruzarlo por el norte con una autovía que iba a enlazar Arusha con Musoma, el recorrido que atraviesan las grandes migraciones anuales desde Masai Mara (Kenia).

Recuerdo aquí las palabras que escribí en mi primera noche junto al río Seronera, donde instalamos el campamento: “Me siento como John Speke camino del Lago Victoria. Pero él atravesó esta inmensa sabana en burro, y yo en camión. Atrae y aterra al mismo tiempo pensar que estoy rodeada de hienas, que escucho desde la cama el rugido del león, que pudiera haber una estampida de búfalos que se lleve la tienda por delante. Y, sin embargo, ahora mismo no cambiaría este momento por nada. Algo así imagino que sentiría el explorador británico”.

Aún tengo grabada la imagen del explosivo amanecer del día siguiente, un incendio en el cielo en el que se recortaba una leona despertando a lametazos a sus cachorros. En el camino, cientos de ñus que se dirigían a beber al río,mientras el guepardo se desperezaba bajo una acacia.

Por delante, horas de búsqueda al lento ritmo de la vida salvaje, escrutando el horizonte, recreándonos de la belleza o impactándonos con la brutalidad de una escena de caza… En definitiva, aprendiendo a no olvidar que allí están nuestro orígenes.

Imágenes de Rosa M. Tristán:
1. Un niño masai con un bifaz de hace más de un millón de años en la mano.
2. La autora de este post excavando en Olduvai

El porqué de la vida | Gustavo Duch

La alfalfa recibe los amarillos rayos del sol y las gotas azules de la lluvia, y crece verde para alimentar animales y personas. La manzana verde engorda alimentada por centelleos amarillos y el riego azul del campesino. Las verdes selvas se confeccionan también con dosis del astro amarillo y de chaparrones azules. Y nos regalan chorros de oxígeno.

El capitalismo para encubrir sus maldades se disfraza de economía verde.

Y hay opiniones que opinan que es verdad, que es posible verdear la depredación y la avaricia; y opiniones que opinan que es imposible, como Eduardo Lloret que me explica: “hasta los niños lo saben, el verde se obtiene sumando azul y amarillo”

El 'descontrol' del fuego de los 'Sapiens' | Rosa M. Tristán

Fue hace un millón y medio de años, en los albores del origen de la especie humana, cuando el fuego tomó protagonismo en nuestra historia. Entonces, en el Pleistoceno, la capacidad de controlar las llamas por parte de aquel primate bípedo que era el ‘Homo erectus’ fue un paso evolutivo clave para que llegáramos a ser lo que somos.

Como recuerda a menudo el paleontólogo catalán Eudald Carbonell, el fuego ayudó a que creciera el cerebro, aprovechando mejor las proteínas de la carne; además, iluminó la noche, nos socializó y facilitó la transmisión de experiencias a las nuevas generaciones en torno a la hoguera.

Sin embargo, ese mismo fuego, que fue instrumento aliado de nuestros antepasados, lo hemos convertido hoy en el enemigo. Millones de hectáreas de bosques resultan arrasadas en este pequeño planeta cada temporada. Sólo en España, según un informe de Greenpeace, en la última década han desaparecido 127.000 hectáreas cada año, una cifra que este 2012 vamos a superar con creces a tenor de los últimos desastres. 

Es cierto que hoy somos muchos los humanos, y que habitamos en lugares de alto riesgo, pero también lo es que estamos perdiendo el control de un instrumento que se ceba en los escasos reductos de alto valor ecológico que nos quedan.

El primer gran desastre del año fue las Fragas do Eume, en Galicia, un bosque atlántico protegido (es Parque Natural) del que ardieron 2.000 hectáreas en abril. Luego vino el incendio de la serranía de Valencia, con 50.000 hectáreas desaparecidas y, estos últimos días, la tragedia ha llegado al Parque Nacional del Teide (Tenerife) y a La Palma.

Un 70% de estos fuegos son provocados por nuestra especie, en muchos casos por negligencia (se estima que la mitad tienen su origen en quema de rastrojos o restos de podas), y en muchos otros porque se quiere sacar un beneficio que poco tiene que ver con el aumento del cerebro o la necesidad de espantar a las fieras en la noche. Curiosamente, rara vez se encuentra a los culpables.

Pero, aunque propiciados por quienes encienden la mecha, hay más culpables detrás de esa fachada. Ecologistas en Acción hace meses que venía advirtiendo del peligro de la funesta combinación de la sequía con los recortes en la prevención y la gestión de los bosques. No era alarmismo. Yo misma, que paseé la pasada primavera por unos cuantos montes de este reseco país, pude comprobar la ingente cantidad de ‘leña’ sin recoger que había en los caminos, entre la floresta. Se presentía un verano incendiario.

‘Cuando un bosque se quema, algo tuyo se quema’, rezaba el eslogan de una antigua campaña publicitaria que intentó transmitir que las llamas no sólo amenazan propiedades, infraestructuras y vidas, sino la misma naturaleza. Los fuegos regeneradores, que en la sabana africana sirven para que el rebrote sea más fuerte y el ecosistema se mantenga, no son más que tragedias cuando acaban con ingentes masas forestales que nunca vuelven a ser lo que eran.

Así, si el control del fuego fue un aliado clave para llegar a ser ‘sapiens’, este ‘descontrol’ premeditado es la antítesis de la misma esencia humana. Una clara prueba de ‘involución’ de la especie. ¿Hacia dónde?

Imagen: Greenpeace

El sabor de los tomates | Gustavo Duch

Recientemente hemos sabido que el CSIC —con la de cosas que podría hacer— ha dedicado esfuerzos y presupuesto a saber por qué el tomate industrial, el que habitualmente compramos en los supermercados, no sabe a tomate.

Resulta que en los experimentos de la industria alimentaria, movidas por el empeño de conseguir variedades de hortalizas uniformes y bonitas, un gen que no controlaban se alteró y ¡anda! nos quedamos sin sabor a tomate. Pero lo peor no es tal derroche, ni el reduccionismo de algo tan maravillosamente complejo, sino que andan entusiasmados con el descubrimiento, pues “con el gen identificado en unos pocos años lo tendremos resuelto”.
Ese tipo de variedades insípidas y con menos valor nutricional es parte de la destrucción de las agriculturas locales que siempre llevaron buenos alimentos a la mesa, a la vez que generaban medios de vida a muchas personas y aseguraba el mantenimiento de los paisajes rurales.

Por eso, por el futuro de lo rural y para que los tomates sepan a tomates, hemos de olvidarnos de falsas moderneces y valorar las infinitas variedades campesinas de tomates deformes y multicolores, con sabor a tomate y con garantías de por vida.

La macabra simbiosis con los delfines | Rosa M. Tristán

Cuando los pescadores Imraguen, de Mauritania, golpeaban unos palos desde la costa atlántica del Parque Nacional de Arguin, entre Nouakchott y Nuadibú, los delfines acudían a su llamada y con ellos arrastraban a otros peces que caían en las redes de quienes esperaban con el agua hasta las rodillas.

Nadie sabe el origen de esta simbiosis ancestral entre los humanos y los inteligentes cetáceos, pero hoy ese comportamiento, que se remontaba cientos de años, quizás miles, prácticamente ha desaparecido. Hace seis años, cuando visité la zona, ya era una tradición esporádica, y los Imraguen o habían emigrado o ejercían de guías para turistas o se morían de hambre.

Mar adentro, en otra simbiosis que se remonta a los primeros navegantes, los pescadores en todo el planeta se han visto acompañados por los hermosos cetáceos en sus singladuras, siempre prestos a ayudar cuando era preciso.

Pero hemos abierto una brecha: la sobrepesca ha acabado con los peces que les animaban a llegar a las playas mauritanas y los inteligentes delfines son cada vez más escasos y ya no acuden a la llamada de los imraguen. Son capturados a cientos en la indiscriminada pesca del atún, heridos por golpes contra las embarcaciones que pueblan los mares, alterados por la contaminación, convertidos en sopa… Hoy, la única simbiosis que continúa expandiéndose sin freno es la que mantienen con el ser humano en zoológicos y parques acuáticos.

Desde el 4 de julio, una campaña en la que participan varias ONG de protección animal y muchos famosos, denuncia bajo el lema ‘SOS Delfines” que en algunas instalaciones en las que participan en espectáculos les atiborran de Valium o esteroides para que no estén agresivos, y que vivir en un tanque de agua durante años les genera graves depresiones, que su cautiverio les atrofia su vida sexual y el cerebro.

Los promotores de esta iniciativa, SOS Delfines.org, han logrado la complicidad de Bigas Luna, Fernando Tejero o Macaco para dar la cara por los cetáceos. Recuerdan que al menos 90 delfines y cinco orcas son explotadas en shows musicales por toda España y más de un millar en el mundo. ¿Y qué pensar del creciente interés en nadar entre delfines en una piscina, agarrarles la aletas o subírseles encima? Algunos lo llaman ‘delfinoterapia’, pero es una relación desigual, impuesta, que poco tiene que ver con la de los pescadores mauritanos, con la de los pescadores.

En una ocasión, el cuidador de un zoo, en España, me ofreció alimentar un delfín en su tanque, mientras afuera comenzaba a atronar la música. Me recordó al ‘Flipper’ de mi infancia y parecía reír, pero su mirada era triste, su risa una mueca. A la cabeza me vino aquélla otra, anterior y mucho más feliz, de una manada de delfines saltando a 100 metros de la costa africana, desde donde ya no les llamaba ningún Imraguen.

Con un verano por delante, que puede estar lleno de actividades para interactuar con otros seres vivos, no está de más recordar que para los griegos estos mamíferos de de privilegiadas neuronas eran hombres castigados con esa metamorfosis por el dios Dionisio, al que quisieron vender como esclavo. Volveremos a ser castigados con pérdida definitiva si seguimos empeñados en divertirnos a su costa de su agonía mientras destrozamos la casa de la que fueron desahuciados.

Puedes firmar aquí la campaña Delfines.org

Fulguración | Guillermo Rancés

No he encontrado un vocablo más apropiado para vislumbrar, el próximo mes de diciembre, cómo podrían ser y nos afectarían los fenómenos cósmicos anunciados por los mayas hace milenios.

No creo que se refieran a un cuerpo celeste que vaya a colisionar con nuestro planeta, pero si una Fulguración, que quizás pronosticaron los mayas, prodigiosos y misteriosos astrónomos.

Una Fulguración es un repentina llamarada de energía solar la que se anuncia, sería de proporciones y de magnitud inimaginable y al incidir sobre la Tierra, dislocaría su equilibrio planetario de forma imprevisible. Podría neutralizar o incluso anular su campo electromagnético desencadenando un caos que rompería las bases de nuestra sociedad, que es más vulnerable de lo que pensamos.

Este cambio electromagnético global acabaría con toda posibilidad de comunicación y por tanto de globalización.

La anulación de las ondas hertzianas dejarían inactivos los satélites y toda posibilidad de comunicación por radio. Serían inútiles los GPS, las emisiones de radio y enmudecerían los teléfonos móviles. Los ordenadores estarían aislados, funcionarían pero sin posibilidad de recibir información exterior ni emitirla. 

En cuanto al clima, sus cambios serían impredecibles ya que no se regirían por las pautas estadísticas conocidas hasta ahora. Esta anárquica evolución climática podría trastornar la supervivencia de los hábitats naturales y la de sus pobladores, entre ellos la de los humanos.

El mundo que se convertiría en una infinidad de micro comunidades aisladas, constituyendo una pesadilla para políticos manipuladores y gobernantes que perderían todo poder e influencia.

Si el polo magnético de la tierra cambiase de lugar los buques no podrían orientarse ya que los satélites solo serán objetos mudos e inútiles y los barcos y aviones tendrían que orientarse por las estrellas ya que, sin brújula navegar a la estima, no sería viable. Adiós a los petroleros y sin petróleo la pretensión de conseguir una economía globalizada sería imposible debido a la total pérdida de comunicación y de información.

¿Habría llegado la hora a las micro-economías rurales? ¿Está la sociedad preparada para gestionarlas?

Esto es solo un esbozo de lo que podría ocurrir si esa extraordinaria Fulguración se produce. Un pronóstico carente de pruebas científicas solo de elucubraciones intuitivas que, si se hiciesen realidad, cambiarían nuestra forma de vida de forma irreversible.

Requiem por el solitario George | Rosa Tristán

Cuando el ‘Solitario George’ nació, hace más de 100 años, el mundo era mucho más grande. Nadie supo entonces que en una diminuta isla del Pacífico rompía el cascarón la que sería la última tortuga gigante de la subespecie ‘Chelonoidis nigra abingdoni’. Su muerte, sin embargo, no ha tardado más de unas horas en ser global en un mundo que ha ‘empequeñecido’ a medida que se hacía ‘global’.

El luto en la Fundación Charles Darwin de las Islas Galápagos, en cuyas instalaciones vivió los últimos años intentando reproducirse, no es sólo por su pérdida. Lo es porque ya son sólo siete las subespecies de tortugas gigantes que sobreviven en ese espacio único (y hubo un tiempo que eran 14), porque cuando el ‘Solitario George’ nació había 200.000 ejemplares similares en su isla y hoy no llegan a 20.000, porque en su caso, como en muchos otros, no funcionó la reproducción dirigida científicamente y, lo peor, porque los humanos seguimos sin querer comprender que cada ser vivo que desaparece nos deja más solos.

Nunca estuve en Las Galápagos. Aún sin ‘George’, es de los pocos sitios donde los esfuerzos de conservación han logrado aumentar las poblaciones de tortugas terrestres, que llegaron a ser sólo 3.000 hace unas décadas. Pero en Tortuguero (Costa Rica), pude comprobar como los mismos turistas que pagan y se emocionan por ver hacer su nido a una tortuga marina carey (‘Eretmochelys imbricata), al día siguiente compran pulseras hechas con su caparazón, o una peineta. Son los mismos que tiran plásticos al mar, que luego estos animales confunden con las medusas que les alimentan, causándoles y la muerte. Los mismos que se olvidan de que la luz de sus casas junto a las playas, les impide salir a desovar.

En Boavista (Cabo Verde) un proyecto científico español, del CSIC y la Universidad de Las Palmas, ha trabajado durante años para evitar la caza y la destrucción de los huevos de tortugas bobas (‘Caretta caretta’). Es una especie totalmente desaparecida en España.

Ver nacer miles de diminutas ‘tartarugas’ es un espectáculo fascinante. Saber que sólo una de cada 1.500 llegará a adulta, no amilana a los voluntarios que, pacientemente, rescatan los huevos de lugares de riesgo y los protegen antes de eclosionar. Esa labor, que exige patrullar noche tras noche las largas playas africanas, ya se ha visto recompensada: este año ha descendido la mortalidad de las tortugas bobas, tras años de trabajo y sensibilización de la población local. Adolfo Marco, uno de los responsables del proyecto, del CSIC, recordaba hace unos días que en 2007 en esas playas se cazaron más de 1.200 hembras. El año pasado fueron 55.

Algunas de las recién nacidas caboverdianas se soltaron en 2007 en Fuerteventura y Almería, con el ánimo de introducir la especie de nuevo en las costas españolas. Se sabe que, cuando sean adultas, volverán al lugar del que salieron para dejar sus huevos. Pero pasarán años antes de saber si esas pequeñas crías vuelven a las playas, si es que antes no tropezaron con un cazador, un anzuelo, redes y palangres de pesca o con una medusa plastificada. Por ello, conservar y promover medidas para que los mares y las tierras no vacíen de especies que viven en tan delicado equilibrio es ya una urgencia. La muerte del ‘Solitario George’ es un toque de atención para no ser un día los ‘Solitarios humanos’.

Empleo en el medio rural: una alternativa real | Gonzalo González

 
Recientemente el Congreso de los Diputados español ha convalidado la ley express para facilitar el emprendimiento. Esto simplificará los procedimientos y agilizar los trámites para montar un pequeño negocio, algo muy necesario si tenemos en cuenta que según los datos del informe Doing Bussines de 2011, nuestro país es en el que más tiempo se tarda en cumplir con los trámites y procedimientos necesarios para poder abrir una empresa: 47 días y unos costes medios de tramitación de 600€. Los estados miembros de la UE donde menos tiempo hay que invertir para abrir un negocio son Portugal, Italia, Eslovenia y Dinamarca, con 6 días.

Es necesario simplificar y aclarar que ha día de hoy es más sencillo montar un negocio, y para ello existen distintas herramientas y entidades que trabajamos para esto sea así.

Actualmente hay unos 150 Puntos de Asesoramiento e Inicio de Tramitación (Pait) distribuidos en trece comunidades autónomas y desde aquí rellenando el Documento Único Electrónico (DUE) se puede crear una empresa en un día con unos costes de tramitación de 100€.

Desde la Fundación estamos enseñando que elaborar un plan de negocio, tener en cuenta aspectos de marketing y comercialización, saber lo que es el coaching y otros conceptos empresariales (que parecen muy fríos), no está reñidos con la conservación de la naturaleza y así surge nuestra iniciativa Emprender para Conservar. Hasta ahora hemos ayudado a más de 700 personas y creado entre todos 16 nuevos puestos de trabajo directos.

Entendemos que no puede existir un desarrollo ilimitado a costa de la explotar todos nuestros recursos naturales hasta el extremo de que desaparezcan. En palabras del propio Dr. Félix Rodríguez de la Fuente: ”La Catedral de León o las Pirámides de Egipto las podemos destruir cuando queramos, todo es cuestión de dinamita y reconstruirlas cuestión de tiempo; pero cuando desaparece una sola especie animal, la hemos perdido para siempre, porque crear sólo Dios puede hacerlo.” 

Los seres humanos no crecemos indefinidamente, llega un momento en el que hay que dejar de crecer para desarrollarse, enriquecerse, aprender, colaborar y apoyarnos, pero parece que vamos cada uno por un lado sin un rumbo determinado y con la única idea cortoplacista de ganar mucho dinero.

El medio rural se perfila como una alternativa real, y no sólo para desconectar el fin de semana o en verano, sino como un lugar adecuado para vivir y trabajar.

Según la legislación, más del 80% de nuestro territorio es considerado como medio rural y tan sólo acoge a un 17% de la población, es decir, vivimos aglomerados en las ciudades. Paradójicamente dicha población depende del medio rural y si se facilitara información sobre la búsqueda de alojamiento y de empleo en dichas zonas se podría en marcha una revitalización de dichas zonas de manera efectiva. Nosotros lo hemos comprobado.

Volviendo a citar a Félix Rodríguez de la Fuente debemos recordar que “somos una especie más, distinta pero una especie más”, y como tal tenemos un impacto en el medio, que no siempre es negativo. Debemos estar agradecidos por el manejo que han hecho nuestros abuelos, bisabuelos o tatarabuelos de los territorios, ya que eso es lo que ha conseguido hacer que aproximadamente el 28% de España cuente con alguna figura de protección de la naturaleza reconocida o bien internacionalmente (Reservas de la Biosfera) o bien a nivel europeo (Red Natura 2000) o nacionalmente (Parque Nacionales).

Tras las huellas de Félix: La experiencia del primer viaje | Fernanda Serrano

La sabana de los países del África oriental, son el santuario de fauna más importante de nuestro planeta, y Félix lo sabía.

Con el objetivo de revivir una experiencia en África acompañados por la experiencia de Félix en sus años como guía de safaris fotográficos y su posterior trabajo científico en esas maravillosas tierras, la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente inició un nuevo proyecto en 2009 basado en la organización de viajes a la sabana africana de Kenya y Tanzania apoyados en los fondos audiovisuales y escritos del propio Félix.

Recorrer África como lo hizo Félix y en su constante compañía, ver con nuestros ojos lo mismo que Félix vio, experimentar la misma sensación de aventura que acompañó a Félix durante sus viajes, dejarnos cautivar por África tal y como le ocurrió a él.

Ese primer viaje tuvo lo que tiene siempre la primera vez, el no saber como se desarrollarán los acontecimientos, el no conocer a tus compañeros de viaje, el esperar lo inesperado, la sensación de aventura, de la ausencia de un destino claro, el que el tiempo carece entonces de sentido y que lo apasionante es todo lo que pasa ante nuestros ojos sin esperar ver nada en concreto, dejarse invadir por la luz, los olores, la música, el horizonte inmenso, la gente…y dormir en lo más salvaje, en lo más alejado y distinto del mundo que conocemos.

Y todo ello arrullados por la voz lejana de Félix, que en segundos se hace presente como si estuviera sentado con nosotros en aquel inmenso camión con el que recorrimos de norte a sur y en diez días de viaje el país de Kenya, desde Samburu a Masai Mara, pasando por lagos y montañas, por bosques y sabanas, del calor más sofocante al frío más inesperado, de los búfalos a las jirafas, de los leones a los papiones, del río a la montaña, de los Pokot a los Masai…de la realidad a un sueño que acaba acompañando para siempre a cualquiera que vaya a este continente, igual que a Félix.

Una experiencia irrepetible, recomendable. Si viajar a la naturaleza es de por si apasionante, hacerlo de la mano de Félix, no tiene precio. Así que a todos aquellos que están pensando en ir a África a y conocer la sabana de su parte más oriental, les recomiendo que se dejen acompañar por el mejor de los guías, por el mayor aventurero, por el amante del hombre y de la naturaleza…, les recomiendo que viajen con Félix.

Madrid vs Barcelona, un nuevo reto | Gustavo Duch

En España asistimos a una nueva competencia Madrid vs Barcelona. No es la liga de futbol ni la del baloncesto, ni la distinción por ser Capital Verde Europea. Las dos ciudades compiten estos días por recibir entusiasmadísimas e impacientes la edificación de un complejo turístico y de juego que quiere ser réplica de Las Vegas. A falta de ubicación el bautizo ya se ha oficiado: EUROVEGAS.

Un nuevo duelo de nuestra clase política que, envidiosa de ronaldos y messis, se imaginan en las telenoticias con tijeras doradas cortando cintas inaugurales (costumbre también de viejos dictadores que nunca pasan de moda), pronunciando discursos grandilocuentes con fuegos artificiales de fondo mientras el público aplaudimos sus genialidades. Igual en Madrid que en Barcelona, pues de partidos políticos diferentes, sueñan sueños iguales

¿Los motivos de tal proyecto? En un admirable ejercicio de imaginación el Mausoleo Las Vegas vendrá a rescatarnos de la crisis, a inyectar fondos a las arcas públicas y generar empleo directo para 200.000 personas y 100.000 más en indirectos. Una lluvia de dólares, que llegaría como un regalo envuelto en progreso que sólo los falsos progresistas ―dicen― se atreven a cuestionar.

Pues sí, cuestionemos ¿falsos progresistas o falso progreso? Porque más y más rascacielos para jugar a tocar el cielo es progresar a peor. Lo sabemos, científicamente está probado que el crecimiento perpetuo sólo lleva al abismo. Cuando las visiones más visionarias (y el sentido común con más sentido) nos presenta alternativas al crecimiento sin ton ni son, Madrid y Barcelona se ciegan por una inversión al estilo del Viejo Oeste. Cuando el ciclo capitalista está acabando, Madrid y Barcelona quieren ser su capital, sin entender que la agraciada será un simple cementerio.

También la Historia con su particular mano dura desmonta estos mitos y ensoñaciones. Setenta años después de la construcción de Las Vegas, el estado que la resguarda, Nevada, ocupa las últimas posiciones en calidad escolar, en salud de su ciudadanía y en proporción de jóvenes con título universitario de la Unión. En cambio, es abochornada medalla de oro en desocupación y paro, medalla de plata en ejecuciones hipotecarias y medalla de bronce en crímenes.

El Capital inversor ya ha exigido modificaciones en las leyes laborales y de fiscalidad. Como buenos tahúres en la primera mano han empezado muy fuerte, con un gran farol: ¡centenares de miles de puestos de trabajo!, cuando en realidad serán pocos, precarios y sin futuro. Y como los libros de cuentas los llevará el contable de Al Capone, tienen que hacerse algunos retoques jurídicos para facilitar su trabajo. Efectivamente, como en el Viejo y lejano Oeste, la ciudad elegida deberá de ser ciudad sin Ley.

¿Y por qué España? Dicen que por el buen clima y el buen trato, y es cierto. Aquí y ahora con las arcas del Estado en subasta especulativa, el clima para estos negocios de casino es el mejorcito. Y el buen trato deparado a timadores y tramposos se cuenta en las guías turísticas como algo digno de conocer.

La candidatura de Barcelona, además y loquita por agradar, ha ofrecido en la permuta 250 hectáreas de sus mejores terrenos agrícolas periurbanos en el Delta del Llobregat. Lo vocean nuestros representantes políticos ―”se cambia paraíso agrario con sus payeses y payesas, por un paraíso fiscal de evasores de impuestos y las cartas marcadas”. Una mala jugada, porque sustituir alcachofas, zanahorias o puerros por campos de golf, ruletas y macrosalas de eventos puede parecer adelanto, pero es sólo un comic de ciencia ficción.
Pero Sr. Sheldon Adelson, propietario de estos negocios, ―inversiones, dice la clase política española que le está cortejando, -sepa que le esconden una información clave a la hora de tomar su decisión. La población de Madrid y Barcelona no son títeres de sus administraciones y su iniciativa desafía a un invencible ejército de cucarachas que de un proyecto de precariedad laboral, injusticia fiscal, destrucción ambiental y desigualdad social, hará un sueño imposible.

Los diccionarios de una nueva humanidad ya tienen las primeras galeradas. «Casino: dícese del hábitat natural del Capitalismo, donde anidaban especuladores, derrochadores, estafadores y otros pájaros extintos».

La FAO y el acaparamiento de tierras | Vicent Boix

 
Si hay un negocio que tiene el futuro garantizado, no es otro que el de la alimentación. Se puede prescindir de todos los objetos que nos rodean y que supuestamente nos hacen la vida mejor, sin embargo, llenar el estómago siempre será una obligación. Así lo han entendido esas pocas multinacionales que controlan el comercio de alimentos y los inversionistas que han volcado su dinero en los mercados agrícolas.

 Pero en la búsqueda frenética de oportunidades dentro del agronegocio, se ha extendido el “acaparamiento de tierras”, en el que inversores, empresarios, estados, etc. están adquiriendo millones de hectáreas en diferentes países, sobre todo en los africanos, desde los subsaharianos hasta los mediterráneos. Algunos buscan especular con las tierras, otros sembrar agrocombustibles para los países ricos, y otros aprovechar el agua y la tierra ajena para cultivar alimentos y luego exportarlos a sus naciones.

Sea como sea, algunos cálculos ya establecen que en África se han tramitado proyectos por una extensión total de 67 millones de hectáreas (la superficie conjunta de Italia y Alemania). Los atropellos se han sucedido sin parar y aquellos maravillosos beneficios que gozarían los pueblos que se amoldarían a la nueva inversión agrícola, se han quedado en papel mojado. De esta forma, las personas desalojadas de sus tierras se cuentan por decenas de miles. Además se han reportado expulsiones violentas, encarcelamientos, procesos judiciales contra campesinos, precariedad laboral en los nuevos proyectos agrícolas, acaparamiento de otros recursos naturales como el agua, deforestación de bosques, alteración de cauces en ríos, etc.

A pesar de estos hechos, la FAO, como buena hija de Naciones Unidas, acoge todo tipo de ideas por muy contradictorias que puedan ser entre ellas. Por ejemplo, ante la reciente crisis alimentaria en Sudán del Sur, el responsable de este organismo en el país africano manifestaba que “Hay que lograr que las familias tengan en primer lugar acceso rápido a alimentos inocuos y nutritivos, así como a otras necesidades básicas (…) Podemos hacerlo ayudando a la gente a retomar las actividades agrícolas, ganaderas y de otro tipo en las que basan sus medios de subsistencia”.

La realidad es que si se quiere ayudar a la gente a retomar sus actividades agrícolas, habrá que garantizar las tierras, las aguas y los recursos económicos. Por eso este escenario propuesto por el responsable de la FAO en Sudán del Sur, choca de frente con el masivo acaparamiento de tierras en el continente, que está ayudando a la gente a abandonar las actividades agrícolas, ganaderas y de otro tipo en las que basan sus medios de subsistencia. 

Sin embargo y a pesar de la gravedad de los hechos, la FAO también apoya sin titubeos el acaparamiento de tierras. Junto al Banco Mundial o el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, trabaja en los “Principios para una inversión agrícola responsable”. Como se desprende del propio título, para estos organismos el acaparamiento de tierras es una inversión que para las naciones empobrecidas deparará, supuestamente, ciertos beneficios como puestos de trabajo, transferencia tecnológica, infraestructuras rurales, seguridad alimentaria, etc. En general, el brazo filantrópico y propagandístico de la nueva inversión agrícola, no ofrece nada que no se haya escuchado mil veces para justificar la inversión extranjera en general, y nada que no se escuchará por ejemplo hace un siglo, cuando ciertas transnacionales fruteras transformaron estados independientes centroamericanos en “repúblicas bananeras”. A día de hoy y como se decía antes, los atropellos y las expulsiones se imponen a las benevolencias.

¡Pesca-loca! | Gustavo Duch

En abril del 2011 un equipo científico de EEUU, Australia y China ofrecieron un resultado sorprendente: si alimentas a las truchas arcoíris con piensos compuestos de carne de pollos y huevos, crecen hermosos como si eso fuera su dieta habitual, o mejor. También se calificó de avance, unos años antes, cambiar la ideología vacuna. Si todas ellas siempre quisieron y fueron vegetarianas, se les forzó a alimentarse de subproductos cárnicos. Del vegetarianismo al canibalismo, sin comerlo ni beberlo. Y claro está que se volvieron locas; por no llorar, fue su forma de protestar.

Sin necesidad de animales transgénicos, ni del Dr. Frankestein, podrán pescarse truchas multicolores que cantan al amanecer, incuban sus huevos y aprenden a revolotear. Y les llamaremos las truchas majaretas, cuando sólo querrán escapar de un Planeta de locos.
Las vacas comían vacas y las truchas comerán pollos. Luego nos dirán que los animales se vuelven locos. ¿No será que será que fue el ser humano productivista y sabelotodo quien perdió la cabeza?

En Galicia las asociaciones de pesca artesanal quieren desmentir esta afirmación y trabajan por dignificar a nuestra especie animal. Por eso niegan el progreso que les ofrecen: criar salmones enjaulados en sus rías para vender allende los mares. Al ver llegar el primer barco encargado de instalar las jaulas-balsa, cientos de pequeños navíos, barcas de pesca artesanal y hasta colchonetas inflables y patines de playa zarparon como un ejército de mosquitos a detener al monstruo. Hasta hoy. Son mosquitos perseverantes.
Los salmones cautivos comen y cenan de lunes a domingo. Las mangueras les disparan harinas de pescados de clases inferiores. La aristocracia del mar alimentada con las mejores ventrescas y lomos del proletariado espinoso.

Existen dos líneas de investigación para el abaratamiento de costes, darles soja cual vaquitas en el monte o darles los despojos sangrientos del matadero. Si funcionan, la aristocracia del primer mundo tendremos salmón para comer y para cenar. Y de lunes a domingo, gracias a una larguísima manguera, que va del Sur al Norte.
Las batas blancas del Instituto Nacional de Investigación en Nutrición y Productos del Mar de Noruega son las encargadas de saber qué pasa con salmones engordados con esa soja vegetariana. Y resulta que –tan sana como la pintan- su sangre y sus hígados, se hacen almacenes de grasa que les provoca problemas cardíacos y de diabetes. No es tan raro, como los humanos sin moverse del sofá, son ‘enfermedades del estilo de vida’.
Los escualos, tiburones comestibles, pueden contribuir al progreso de la humanidad. No por sus aletas, no por su carne, ni por protagonizar películas, sino –según el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo- por su hígado, un almacén de cinco kilogramos de aceite convertible en biodiesel. Ante la escasez de petróleo, los más modernos autos funcionarán con gasolina de escualos.
Y gentes escuálidas rondarán por todas partes.

La producción de biodiesel con semillas de colza deja unos residuos que los autos no pueden tragar. Esos aceites en el Centro de Proteína para la Acuicultura, un Centro Noruego de Excelencia afiliado a la Universidad de Ciencias de la Vida de Noruega, los sirven como primer plato a las tilapias, unos peces africanos. Si las tilapias no se mueren de diarreas, que eso es lo que estudian, dicen que el hambre africano desaparecerá.

Vamos que cuanto más combustible quememos, más comestibles produciremos. Gordos y motorizados en un Planeta que arderá.