Las aves se salvan de su 'silla eléctrica' | Rosa M. Tristán

Contaba sólo 19 años cuando el biólogo Miguel Ferrer, hoy investigador del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en la Estación Biológica de Doñana, comenzó a recoger aves electrocutadas en el Parque Nacional. Aquel verano, llevaba 12 en su haber cuando un día se topó con una espectacular hembra muerta, de cuatro años. Era la número 13. “Me dio un bajón tremendo y ese día llamé a la compañía eléctrica. Les dije que le había contado a Felipe González, que entonces iba por allí, lo que pasaba con sus postes y al día siguiente vinieron tres ingenieros y comenzamos a colaborar”. Evidentemente, aquel joven no había visto al presidente del Gobierno ni de lejos, pero aquella mentira fue el inicio de un trabajo que 30 años después nos proporciona una buena noticia.

El trabajo de su equipo logró que las compañías eléctricas comenzaran a cambiar sus tendidos, hasta el punto que se ha reducido en un 80% la mortalidad de aves en todo el país por este motivo. Sólo en Andalucía, tierra de Ferrer, se estima que se han salvado más de 15.000 y el científico me asegura que si no se hubieran tomado medidas desde entonces, la majestuosa águila imperial ibérica, de la que ahora tenemos 400 parejas, habría desaparecido, o casi, de nuestros cielos.

Afortunadamente, no ha sido así, y las muertes por electrocución o por colisiones de esta especie en Doñana han caído un 97% (en toda Andalucía un 62%), confirmando que es posible que aves y cables de alta tensión convivan en un campo donde los árboles son cada vez más escasos.


Y es que hasta la última década del siglo pasado se habían instalado millones de tendidos peligrosos, sin aislantes adecuados, demasiado grandes y juntos, con el cable mal colocado... En definitiva, auténticas trampas mortales que las compañías han ido corrigiendo hasta dejar 10 millones de kilómetros cuadrados limpios de peligro.

Y lo han hecho pese a que la normativa nacional al respecto salió tarde (en 2008) y mal (pues exime a las eléctricas de su responsabilidad).

Pero quedan lagunas. A nivel empresarial, aún se trabajan poco la investigación y el desarrollo: ¡siguen usando los mismos postes de hace 50 años¡. “Ya es hora de que sus ingenieros se pusieran a diseñar modelos más seguros”, comenta Ferrer. Por cierto, que también les reclama que ahora que están tan concienciados en España hagan lo propio cuando llevan su tecnología a otros países en desarrollo “porque si repiten los errores, ya saben que les saldrá más caro”. Y a nivel general, aún hay postes de particulares y de instituciones forestales que no han sido ‘corregidos’.

El libro, editado por Endesa, además de datos, estudios de campo y documentación, también recoge divertidas vivencias de Ferrer, que por cierto ahora es el Delegado del CSIC para Andalucía. Una de ellas me la resume así, en una conversación desde el AVE de metal que le lleva a Sevilla: “Sucedió un día en la Laguna de La Janda, en Cádiz. Andábamos marcando águilas cuando se nos acercó un coche de la Guardia Civil a preguntar qué hacíamos. Y cuando se lo explicamos, replicaron: ‘¿Y no sería mejor poner un red sobre el parque para que no se escapen?’. Ante tamaña pregunta no se me ocurrió más que decir: ‘Pero entonces no entrarían los gansos cuando vienen’. ‘Ah, claro, claro, ¿ves como hay que entender?’, se decían el uno al otro”. 

4 comentarios:

Gema dijo...

Interesante artículo q muestra a los q cmo yo amamos la naturaleza los motivos por los q algunas aves ya no mueren electrocutadas, aunque por lo visto todo es mejorable, al menos ya no sufriré tanto cd vea a un pájaro en esa fijación suya, puesto en un poste de la luz, o en un cableado.Además me ha gustado saber sobre este biólogo y su labor además q leeré su libro. Gracias por el artículo

Salome iñiguez dijo...

es preocupante ver como miles de aves mueren a causa de esto

Alejandro Barrera dijo...

Interesante artículo q muestra a los q cmo yo amamos la naturaleza los motivos por los q algunas aves ya no mueren electrocutadas, aunque por lo visto todo es mejorable, al menos ya no sufriré tanto cd vea a un pájaro en esa fijación suya, puesto en un poste de la luz, o en un cableado.Además me ha gustado saber sobre este biólogo y su labor además q leeré su libro. Gracias por el artículo

Ale Cañizares dijo...

La belleza se conquista lentamente, no es el producto de un proceso rápido, requiere muchos ensayos, pequeñas modificaciones y ardua selección. En las aves, la conquista de plumajes vistosos, de combinaciones extravagantes de colores y texturas complejas, ha tomado millones de años. Entristece saber que esto puede destruirse por un pequeño descuido.

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