La agricultura y la ganadería ecológica mejoran la biodiversidad


La biodiversidad es mucho más que una mera cuestión de áreas protegidas, de especies en peligro, de riqueza natural y de paisajes. Es ante todo el sabio resultado de miles de millones de años de evolución de unos procesos naturales únicos, pero también de la influencia creciente de las actividades del ser humano en estos espacios, pues estas mutuas interacciones son las que fundamentan en la actualidad el sustento de la vida sobre el planeta. Además la biodiversidad es garante de bienestar y equilibrio en la biosfera.

Nosotros somos biodiversidad, pero nuestra forma de ser, de actuar sobre el medio, también implica un enriquecimiento o un empobrecimiento de la biodiversidad. El hombre y su cultura, como producto y parte de esta diversidad, debe por tanto velar por protegerla y respetarla.

De acuerdo con esta responsabilidad universal, nuestra obligación no puede reducirse únicamente al mantenimiento de unos pocos espacios protegidos, de unas escasas islas naturales en un entorno de general degradación. Evidentemente, resulta muy complicado, por no decir imposible, reducir el impacto de nuestra actividad económica más urbana e industrial. Sin embargo, sí es posible lograrlo en los ambientes rurales gracias al mantenimiento de unas actividades que llevamos milenios desarrollando sabiamente, la explotación agraria y ganadera. Esta agrobiodiversidad es la que nos da de comer a 6.700 millones de humanos, pero también la que nos aporta medicinas, energía e incluso felicidad.

La agricultura y ganadería moderna actual, industrializada y dependiente de los combustibles fósiles, volcada en los productos transgénicos, en el consumo de toda clase de productos químicos, está provocando un preocupante empobrecimiento de la naturaleza. Frente a ello, la agricultura y la ganadería ecológicas combinan la protección de la biodiversidad con la oportunidad de obtener un producto diferenciado y sano. Este rendimiento contribuye a la vez a la diversidad de las especies silvestres en tierras agrícolas, y al mantenimiento de miles de razas animales y variedades vegetales de toda índole, reforzando de forma paralela nuestra soberanía alimentaria.

Un suelo equilibrado resulta fundamental para preservar funciones como la fertilidad, la retención de carbono, los ciclos de nutrientes y, finalmente, la producción de alimentos. La diversidad de las especies silvestres es además necesaria para la gestión sostenible de las plagas, y sólo conservando una amplia gama de variedades agrícolas y ganaderas podremos afrontar con garantías los actuales y futuros cambios ambientales y climáticos del planeta.

Pero aún más importante. Los productos ecológicos ofrecen al agricultor y ganadero un mercado mucho más rentable, garantizando su permanencia en los pueblos; manteniendo esos usos y esos paisajes tan nuestros, tan valiosos, sobre los que se fundamenta nuestra cultura, incluso también la gastronómica.

Biodiversidad es el hecho diferencial de cada lugar, el aroma propio, el sabor de unos campos bien cuidados donde al amanecer nos sigan saludando los cantos encendidos de todas esas avecillas a las que mantenemos sin darnos cuenta, pero sin las que la vida sería terriblemente triste.

César-Javier Palacios
Fundación Félix Rodríguez de la Fuente

1 comentario:

Juan A. Martos dijo...

Estoy de acuerdo, el ecosistema rural interactua con uno de sus principales integrantes, que es el hombre... si desaparece este o se introducen cambios bruscos se ve alteradas estas interacciones...por eso forma parte del equilibrio del sistema de economía eco-lógica

Juan A. Martos

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