Ganado bombero, cortafuegos de cuatro patas | César Javier Palacios

En Aragón, unos 320 kilómetros de cortafuegos se mantienen gracias a los 42 ganaderos que participan en el Plan Medioambiental de Ganadería Extensiva impulsado por el gobierno regional. 3.200 hectáreas de pastos que dan de comer a una importante cabaña de caprino, ovino, vacuno, equino, asnal e incluso camélido, evitan el fuego y sustentan a los buitres.

Por ejemplo, en la zona de La Ginebrosa, en la comarca del Bajo Aragón, se han acondicionado recientemente un total de 8,2 kilómetros de áreas cortafuegos para utilizarlas como zona de pastos. Dos ganaderos, que tienen sus instalaciones próximas, aprovechan gratuitamente este área; uno, con 600 cabezas de ganado caprino, y otro con 300 de ovino. El ganado está feliz y los forestales aún más.

El objetivo del Plan es múltiple: por una parte, se pretende que las cabañas ganaderas que pastan en zonas de áreas boscosas o montes con alto riesgo de incendio contribuyan a la eliminación y control de la vegetación de los cortafuegos. Algo tan sencillo como tener ganado en el monte reduce la carga de combustible potencialmente peligroso para cuya eliminación normalmente es necesario invertir grandes cantidades
de dinero en la contratación de personal, que igualmente consume grandes cantidades de combustible en traslados y utilización de maquinaria especializada. Al mismo tiempo, ayuda a fijar la población rural a través del mantenimiento de las actividades de ganadería extensiva. Y por si fuera poco, refuerza el mantenimiento de un paisaje y una biodiversidad únicos gracias al desarrollo de una técnica puesta a punto en los últimos 5.000 años por nuestra especie.

Nada nuevo bajo el sol. La ganadería extensiva es el modelo de futuro de desarrollo sostenible, el mejor, el de toda la vida. Si queremos mantener nuestros espacios naturales en buenas condiciones hay que revitalizarla porque es un elemento económicamente muy importante para el territorio y medioambientalmente indispensable.

En plena crisis rural, cuando la mayoría de las explotaciones ganaderas atraviesan una durísima crisis que las está poniendo en grave peligro de extinción, resulta sorprendente que proyectos como estos sean casi una novedad entre las administraciones regionales.
¿Por qué no se hace igual en todo el Estado? Da la impresión de que sus responsables políticos siguen prefiriendo garantizarse el clientelismo del voto cautivo a través de la contratación de miles de cuadrillas, cuando al menos en parte podrían ser sustituidas por rumiantes.

Y mientras el campo agoniza, de tal manera que llegará un día, si no ha llegado ya, en que los escasos rebaños que veamos en el campo pertenecerán a las consejerías regionales. Vacas y ovejas funcionarias. ¿El futuro? Me perdonarán ustedes, pero yo sigo prefiriendo los bomberos de cuatro patas tradicionales, los del ganadero local empeñado en vivir en su pueblo.

3 comentarios:

Jesús Dorda dijo...

Y si además se procura que las razas sean autóctonas se contribuirá a conservar una biodiversidad única y necesaria.

Lusitano dijo...

Esto es lo que siempre he dicho yo , cuando hablo con la gente sobre los incendios. La mejor prevención es el ganado. En mi pueblo en la sierra de Francia casi la totalidad de los montes públicos están cercados para aprovechamiento del ganado, comen el ramón el pasto y dan frescura a los montes. Que se dejen de tanto desbrozar y desbrozar para que luego se quede toda esa materia en el suelo y extermine otro de las especies , las micológicas

Anónimo dijo...

mo

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