El frío

Siguen las nevadas sobre la sierra. Cuchillos de viento helado cortan el aliento en volutas de vapor que envuelven el sonido quedo de las palabras. En la nieve se graban las primeras huellas de una vida hecha de silencios y pereza. Las gentes no detienen la conversación en la calle y hacen el comentario apresurado sobre el frío, sobre la nieve que corta las carreteras y sobre el paisaje de estaño de la nevada. Unos gigantescos osos glaciares levantan sus lomos en las laderas montañosas y perforan con su hocico un horizonte roto por las nubes de invierno.

A los lados de sus imponentes barrigas corren los regatos de cristal y bajo sus patas traseras se perfilan los valles por donde discurren los aprendices de ríos abiertos bajo los árboles y espinos de ramas desnudas. Un sol avaro acorta su recorrido y desdeña las umbrías donde las sombras son el preámbulo de anocheceres tempranos. En el pinar los copos de nieve bordan sus plumas blancas en las ramas como alas de arcángeles en vuelo celestial. Un aroma de resinas y de humedales cerca el ambiente y un silencio de catedral apenas roto por el leve quejido del pinar invita a profundas reflexiones. Todo este lirismo se rebela cuando tras las cumbres asoma la amenaza de un temporal. Las ventiscas levantan remolinos de nieve que clavan sus agudos alfileres en cualquier entrante de nuestros cuerpos encogidos. Entonces toda la poesía de la nieve se encierra en las cocinas donde el calor desentumece la piel helada y el habla.

      Yo soy hija del frío. El que ha tenido frío de pequeño, lo guarda para toda su vida porque ese frío de la infancia no se va nunca. Recuerdo las sábanas heladas en unas camas altas como catafalcos; la lumbre baja en las cocinas que aproximaban el calor por delante y dejaban la espalda helada; y las otras cocinas, las económicas, de hierro, con el depósito de agua caliente. El calor tenía en el recinto de las cocinas su único alojamiento. A través de las rendijas de las puertas y de las ventanas se colaban láminas de frío que reptaban por el suelo, se fijaban a las paredes, a las sillas, y formaban parte de la atmósfera de la casa. “Cierra la puerta que por ahí vienen los catarros…”.

El invierno era la frialdad de la existencia que combatíamos a medias con las ropas de abrigo. Las niñas no usábamos pantalones, por eso de la transgresión moral, y nuestros “penetrales” bajeros quedaban cubiertos apenas con unas sayas, unos abrigos volanderos y medias hasta la rodilla. Para abrigar bien el pecho las madres nos tejían unas camisas de tirantes de pura lana que picaban mucho. En la adolescencia, cuando ya vestíamos faldas de tubo, sorteábamos la nieve con zapatos finos y medias de cristal con ligas para ir a misa los domingos.

En el suelo de la iglesia, unas huellas hechas de nieve eran testigos permanentes de frío mientras duraba la celebración litúrgica. Los días de diario calzábamos zapatos de goma con pelusilla por dentro para abrigar los pies ateridos. Claro que esa protección era como de mentira porque se esfumaba pronto. En la escuela la frialdad iba asociada al humo de la estufa que no molestaba porque había lumbre. Luego ya viví una nueva forma de calefacción –la gloria- en unas escuelas nuevas. Aquello ya nos parecía la cima del progreso.

Ahora, bien equipados, los jóvenes y menos jóvenes disfrutan de la nieve. Así cualquiera. ¡Cómo los envidio! Yo llevo mi contador del frío a tope a pesar de la ropa de abrigo. Soy una arrecida. ¡Qué pena! 

Guadalupe Fernández de la Cuesta

3 comentarios:

Victor dijo...

Qué expresión, qué vocabulario y qué bien contado, me ha remitido a cuando yo era pequeño, he podido sentir ese mismo frío...

PEH -Partido Ecologista y Humanista- dijo...

saludos y felicidades por vuestro blog...

Jose dijo...

La foto me recuerda a un pueblo de LEÓN,de la zona de La Maragatería más concretamente,y Yo tambien pasé ése frio de pequeño (de niño y adolescente).
Hoy 18.02.2010 estoy montando suelo radiante para la casa de mi hermano (algo parecido a "La Gloria"...
Me Gusta EL FRIO siempre que tenga ropa adecuada,alimento,y esté descansado..
y detesto los comentarios "de ascensor" sobre el Frio,el Calor,y la climatología en general.
Admiro a gente como CesarJavier Palacios,Guadalupe Fdz. de la Cuesta,etc por escribir y defender el Enviroment.
Jose

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