Delibes y Félix, dos castellanos preocupados por el mundo rural

El gran escritor castellano Miguel Delibes murió el pasado 12 de marzo, tan sólo dos días antes del 30 aniversario del fallecimiento de Félix Rodríguez de la Fuente. Ha querido la fatalidad de la muerte unir en el calendario a estos dos extraordinarios personajes aparentemente tan dispares pero que tanto tenían en común. Ambos amaban el campo y habían llegado a él por una misma vocación campera, la caza. Ambos amaban las sierras burgalesas, Félix desde su Poza de la Sal natal y Miguel desde Sedano. En Sedano, pueblo cercano a Poza, Delibes pasaba largas temporadas respirando toda esa cultura tradicional, todos esos personajes, todo ese paisaje y paisanaje que modelaron su imaginación.

Nini, el Tío Ratero, el Mochuelo, Azarías o el señor Cayo también fueron conocidos de Félix, quien como Miguel Delibes supo ver en ellos la esencia de una cultura profunda preñada de historia en lenta agonía, ese mundo rural que se nos muere si no se nos ha muerto ya, donde se encuentran las raíces de nuestra cultura, de nuestro ser, de nuestra existencia.

Ambos se habían conocido en Valladolid, probablemente de la mano de otro vallisoletano ilustre, José Antonio Valverde, cuya casa era siempre un continuo ir y venir de científicos, cazadores y taxidermistas en amigable mezcolanza. Félix estudiaba allí Medicina, pero ya estaba enganchado a lobos y halcones en sus correrías con otros locos egregios burgaleses como mi querido Luis Cuesta o la siempre sorprendente familia de los Sáez-Royuela.

La adusta Castilla había quedado estéril de hombres e historias tras una cruel guerra civil que cubrió toda la región con un espeso manto de parda estameña. Sin embargo la naturaleza es sabia, y fue en esta tierra castigada y dormida donde al mediar el siglo XX surgió un variopinto grupo de jóvenes entusiastas decididos a cambiar el mundo. Félix se encaramó a los medios de comunicación y Delibes a la literatura, mientras el resto del grupo optó por la investigación.

Félix y Delibes tenían muchas cosas en común, y no sólo su pasión incontinente por el vuelo agitado de las perdices rojas. Los dos defendían que el hombre no es nada sin su entorno natural, sin su paisaje y su cultura tradicional. Y cada uno a su estilo vio que la única salida para la acelerada degradación del planeta es volver a esos tiempos donde la humanidad recupere su armonía con la naturaleza. Cambiar la trayectoria destructiva de un mundo que, al olvidar su dependencia natural, es ahora un mundo que agoniza, más vulnerable que nunca.

También nos enseñaron tolerancia. Se puede ser cazador, cetrero, ganadero, industrial o pescador y amar la naturaleza, no son opciones incompatibles. Tampoco definitivas, pues siempre hay tiempo para cambiar escopetas y pihuelas por prismáticos. Lo único importante es saber que en el campo, en la naturaleza, está nuestra razón de ser. Y que sin ella no somos nada. Algo que tanto Miguel Delibes como Félix Rodríguez de la Fuente sabían perfectamente.
 
César-Javier Palacios
Fundación Félix Rodríguez de la Fuente



3 comentarios:

Johano-2010 dijo...

Confunden la vida que defendía Félix, con el afán de matar, que ven muchos de ustedes como "normal"

Johano-2010 dijo...

También defendían el arte de hablar (el castellano), de comunicar, en esto estaríamos de acuerdo todo el mundo.

Rober dijo...

Castilla llora. Mi pequeño homenaje a Delibes en http://edictodevillapun.blogspot.com/2010/03/castilla-llora.html

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