Montejo, el paraiso que nos regaló Félix

Este año, además de celebrar los 30 años de la muerte de Félix, conmemoramos otro aniversario menos redondo pero igualmente ligado a la figura del llorado naturalista burgalés, los 34 años de la inauguración del Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega (Segovia). Un proyecto que el propio Félix, cuando lo ideó, calificó de “quimérico”, pero que como tantas de sus ilusiones y quimeras acabó convirtiéndose en realidad.

Se trataba de proteger una de las mayores buitreras entonces conocidas de España, además de importante zona de nidificación de numerosas especies de aves en peligro de extinción. Era su sueño conservacionista, otro más después de haber salvado las Tablas de Daimiel de la desecación y de haber impedido que una carretera partiera por la mitad Doñana, paralelo a su empeño por proteger el archipiélago de Cabrera. En este caso soñó con dar refugio, asilo, a sus queridos buitres leonados, aquellos que le abrieron los ojos infantiles a la naturaleza cuando los veía volar con ritmo pausado y señorial sobre el imponente castillo de Poza de la Sal. Tenía una deuda con ellos y también un temor: que el éxodo rural, la mecanización del campo y el abandono de la ganadería provocara la desaparición de las carroñeras.

Félix logró la protección de este enclave con uno de sus habituales “más difícil todavía”, de una forma revolucionaria, innovadora y moderna. En lugar de promover que fuera la Administración quien tuviera la iniciativa, basculó toda la responsabilidad en Adena, la pequeña asociación entonces recién nacida a la sombra del influyente WWF. Y en vez de pedir dinero para comprar el terreno, como se había hecho en 1963 con Doñana, ideó algo aún más revolucionario. Convencer a los propietarios (la Hermandad de agricultores y ganaderos de Montejo de la Vega y la Confederación Hidrográfica del Duero) de que protegieran ellos mismos el espacio con la colaboración desinteresada de una ONG que se encargaría de su gestión eficaz. Eso se llama poder de convencimiento. Con este gesto, Félix Rodríguez de las Fuente acababa de traer la Custodia del Territorio a España.

Fue también Félix quien eligió para vigilar Montejo a Hoticiano Hernando, el guardián de los buitres y sin duda el guarda más querido de España. Una persona que con su tesón, ejemplo y bondad logró acabar con los cazadores furtivos sin poner una denuncia. Otro de esos personajes sabios, capaces de transmitir su entusiasmo por la protección de la naturaleza con la palabra como única arma.

Por todo ello, en un año tan singular como éste, con una primavera que ya se nos anuncia como la más florida y jubilosa de las últimas décadas, un paseo por las impresionantes cárcavas calizas de Montejo de la Sierra, escuchando el rumor juguetón del río Riaza o siguiendo el vuelo en espiral de los buitres, será sin duda el mejor homenaje que le podremos hacer a Félix Rodríguez de la Fuente. Un gesto íntimo de agradecimiento porque lugares como estas risqueras sigan siendo hoy, en pleno siglo XXI, un extraordinario paraíso natural; la esencia de los sentidos, privilegiado punto de encuentro entre el hombre y la tierra.
 
César-Javier Palacios
Fundación Félix Rodríguez de la Fuente

1 comentario:

El Amigo de los Animales dijo...

Hace poco publiqué un artículo relacionado con el Refugio de Montejo, gracias a la colaboración de mi amigo el Dr. Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo.
Os dejo aquí el enlace para complementar un poco más la información:

http://elamigodelosanimales1.blogspot.com/2010/03/30-aniversario-del-fallecimiento-del-dr.html

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