Vendo pueblo por no poder mantenerlo | César-Javier Palacios


Una inmobiliaria catalana acaba de sacar a la venta un pueblo entero. Riotuerto es una aldea abandonada a 25 kilómetros de Soria, cuyo único propietario lo ofrece ahora como oportunidad para instalar en él un centro de turismo rural. Desconozco cómo es posible ser dueño de un pueblo completo incluido su iglesia románica, sus calles y sus terrenos comunales. 
Pero lo vende igual que también él lo compró hace unos años, localidades a precio de un pisito. Seguramente le ocurrirá lo mismo que a un paisano del Valle de Mena (Burgos) al que hace ya muchos años le dediqué un amplio reportaje en  el desaparecido periódico Diario 16. Se tituló: “Vendo pueblo por no poder mantenerlo”. Y es que mantener una localidad entera donde ya nadie vive resulta tan imposible como inútil.
Decía Aristóteles que “el hombre es un animal social que desarrolla sus fines en el seno de una comunidad” y tenía razón. Necesitamos a la sociedad para sobrevivir. O para vivir mejor. Por eso, cuando el lugar donde estamos se va quedando sin gente, sin futuro, al final nos vamos todos a otro sitio más poblado. Resultado: el abandono. Son los pueblos del silencio.
Según el INE existen 2.648 núcleos urbanos despoblados en España, pero no es verdad. En realidad son muchos más, pues no existe una estadística fidedigna con la relación completa de todos los pueblos, aldeas y barrios sin población estable.
La mayoría quedaron sumidos en el olvido en los años 70 del pasado siglo, cuando el éxodo masivo del campo a la ciudad iniciado una década antes acabó con miles de años de una cultura rural milenaria. Otros han sobrevivido de milagro, pero son ya tan sólo pueblos a tiempo parcial, cuando llega el verano y las viejas calles recuperan la vida durante unos pocos meses. La gente mayor, sus últimos habitantes, también han sucumbido al fuerte atractivo urbano. Cae el invierno y se van a pasarlo con sus hijos o, los más, a impersonales residencias de ancianos, anhelando con ansia la llegada de ese buen tiempo que les llevará de nuevo a su querido pueblo, donde tienen sus raíces y donde, sin dudarlo, quieren ser enterrados cuando fallezcan.
Deshabitados, en poco tiempo se pierde un patrimonio inconmensurable generado a lo largo de los siglos por el costoso esfuerzo de generaciones y generaciones de hombres y mujeres empeñados en algo tan bello y tan terrible como “vivir para vivir”. Es el final de una cultura, de una arquitectura, de unas tradiciones, de un paisaje e incluso de una biodiversidad únicos, irrepetibles.  ¿No hay solución?
Sí que la hay. La solución pasa por las nuevas tecnologías y el teletrabajo. Internet ha roto las fronteras. Ahora se puede trabajar desde cualquier recóndito lugar del mundo, e incluso gobernar desde casa explotaciones agrícolas y ganaderas. Es pues el momento de los neorrurales cibernéticos. No será ya la antigua sociedad rural, es verdad, pero al menos pondremos freno a la despoblación y el abandono.
Sin embargo, existe un grave problema. Mientras el disfrute de un Internet de calidad no se considere en los pueblos mucho más importante que hacer carreteras y polideportivos, su futuro seguirá en venta por no poder mantenerlo… ni aguantarlo.     

2 comentarios:

AL - El Amigo de los Animales dijo...

Me gustaría añadir una manera distinta de ver:

Está muy bien que el futuro para "intentar parar la despoblación de algunas zonas" sea el teletrabajo (una opción más entre cientas), pero:

¿Qué le ocurrirá a ese paisaje, a esa tierra de labor, a ese oficio, a esa biodiversidad si lo único que acude a los lugares es gente con un ordenador a cuestas? ¿Quién cultiva? ¿Quién trabaja con las manos? ¿Quién velará por la supervivencia de un animal autóctono si no se conoce siquiera su cría y manejo?...y un larguísimo etcétera de preguntas.

Las generaciones de los pueblos rurales necesitan renovarse y si nadie continua la "vida rural existente de igual manera, -aunque actualizada con los medios de hoy"-, el futuro será más incierto a pesar de estar presente el teletrabajador.

El teletrabajo, es, sin duda alguna, para el que de verdad pueda permitírselo.
No todo el mundo puede ser "teletrabajador", como no todo el mundo puede ser "bailarín profesional" solamente.

Además...lo que "acarrea" este ciberteletrabajo, si no es lo suficientemente "controlado y estudiado a fondo" antes de su puesta en marcha como única solución, llevará consigo las comodidades de una ciudad al campo, a los pueblos, con lo que volvemos a la eterna rueda de "no hacer bien las cosas" y por consiguiente la Naturaleza, todo, sufrirá las consecuencias.

La fórmula de volver al campo, a los pueblos con un ordenador como medio de vida y futuro está aún por "matizar", y mucho.

Es mi punto de vista, basado en experiencia personal y estudioso del tema desde hace un tiempo.

Aún así, felicidades por el artículo.
Inspira esperanza y la búsqueda de soluciones a este "problema".

Alberto Quero.

Quesada dijo...

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